Episodio 25: ¡Abuela! me pones un caldito… de brik

Verán, estos días se ha hablado en la prensa de los caldos envasados. Unas opiniones mejor que otras, la verdad. Aquí no vamos a hacer la comparativa entre un caldo de verduras frente a comer verduras. Eso es como decir que comparamos que te regalen un ramo de rosas con estar en un bosque. Pues claro que no, hombre. Tienen objetivos distintos y lo que se obtendrá de ellos no se puede comparar

(Nota: nunca me regalen flores).

Y me gusta el caldo hecho en casa. Y me gusta hacerlo, a veces. Porque otras veces no tengo tiempo, o no tengo ganas… o pienso en las ventajas que tienen los caldos envasados y tan ricos, oiga. Pero no todos son iguales, ni saben igual. Ni todo lo que es “agua con cosas” es un caldo. Para diferenciarlo, debemos mirar con mucho ojo la lista de ingredientes. Ahora lo vemos.

Pero el caldo, ¿de qué está hecho?

Los caldos envasados tienen un proceso de elaboración muy parecido al que cocinamos en casa, pero a gran escala (y un chollazo para el Imperio).

Su elaboración es bastante simple: se cortan todos los ingredientes. No es como en la tele con las verduras y la carne enteras, tampoco tendría sentido que fuera así, es más fácil extraer los sabores y “sustancias” cuando está cortado en trozos pequeños.Que no, que no es así

Que no, que no es así.

Los ingredientes se colocan en unas cestas que encajarán dentro de la olla (pueden ser de 800 a 3000 litros) y se dejan cocer a alta temperatura durante unas 3 horas. En ese tiempo, los ingredientes se han cocido mucho, se ha extraído de ellos todo lo que podían dar, así cuando saquemos la cesta encontraremos algo parecido a una gran pasta que se retira.

caldo 2

Vamos, que esto no está así de limpio ni de broma. Pero bueno, imaginen.

Posteriormente es necesario enfriar el caldo rápidamente y a continuación se homogeneiza y desengrasa. Se pasteuriza (es una grandísima e importante diferencia con el que hacemos en casa) y se envasa.

El proceso no tiene más. Ni menos.

Si no te apetece cocinar…

¿Qué ventajas tenemos frente al caldo hecho en casa? Una de la más grandes es la comodidad: abrir un brik y tenerlo disponible supone un ahorro en tiempo bastante importante. Y últimamente es algo que a muchos no nos sobra.

En cuanto al precio tenemos diferentes alternativas, aunque también diferentes calidades. Se pueden encontrar caldos desde 1 euro a casi 4 euros, dependiendo de la variedad e ingredientes. No supera demasiado a lo que costaría comprar los ingredientes y hacerlo en casa.

Este tipo de producto puede conseguir que se utilicen menos las típicas “sopas de sobre” que no aportan nada saludable. Estas mezclas deshidratadas sí tienen grandes cantidades de sal.

El proceso de pasteurización al que es sometido asegura que el caldo se va a mantener en perfectas condiciones durante el período de consumo estipulado. Ese beneficio no lo tenemos en casa, ya que si no enfriamos correctamente el caldo o lo acumulamos demasiado tiempo puede fermentar y no estar en las condiciones adecuadas para consumirlo. Con este producto tendremos caldo disponible en nuestro armario (que sí, que ocupa un poco de hueco) en el momento que queramos.

Rico, pero ¿saludable?

Gracias a la información nutricional disponible en el envase podemos analizar los ingredientes que, dependiendo de las necesidades, tenemos que controlar. Por ejemplo, la cantidad de grasa o sal (la primera es muy baja, la segunda más alta, pero, atentos, tienen tanta sal como algunas clases de jamón cocido que tanto se recomienda -en fin- en algunas dietas). Esto es otra de las ventajas frente al caldo hecho en casa. Muchas veces creemos que hacer un caldo es muy sano, pero luego le ponemos jamón, tocino o ingredientes que engrasarán y salarán el caldo más de la cuenta. Con estos caldos no tendremos problemas, podemos conocer exactamente el perfil nutricional de lo que estamos comiendo. (ojo que habrá que tener en cuenta lo que luego hacemos con el caldo, ¿eh? Que si usamos un bajo en grasa para hacer unos callos con garbanzos… pues eso).

Pero no todos los caldos son iguales, por eso es necesario diferenciarlos y para ello no nos queda otra opción que leer las etiquetas.

Vaya, interesantes proporciones
Vaya, interesantes proporciones
Meh, ni tan mal
Meh, ni tan mal
Caldo con cosas
Caldo con cosas

En estos tres ejemplos tenemos un caldo en el que las proporciones de pescado y marisco son importantes. Como ven, en el otro, las cantidades son menores (aunque puede seguir siendo un buen producto). En cambio, en la última imagen, sólo tenemos un 0,5% de pescado y 2% de marisco. Pero, al loro (truco del Imperio), eso es dentro del ingrediente “caldo de pescado” (es decir, son porcentajes aún menores dentro del producto completo). A este le añadimos almidón (lo que leen como fécula de maíz), lo utilizamos como espesante. Es lógico, prácticamente todo es agua, algo tenemos que hacer para que parezca que tiene sustancia.

Están en el mismo brik, colocados al lado, a un precio más bajo, pero uno es un caldo y el otro es agua con cosas.

En cuanto a los componentes nutricionales:

Una ventaja es poder saber los componentes nutricionales
Una ventaja es poder saber los componentes nutricionales

Como se ve, tiene muy pocas calorías, la cantidad de grasa es baja y se podría pensar que la de sal es más alta, pero si la comparamos con otros productos del mercado no es motivo de exclusión. Es aproximadamente un 35% de la ingesta recomendada para un adulto al día. Ojo, que no es motivo de exclusión, pero deben darse cuenta de que esos valores son para 100ml y 250 ml ¡Un vaso de caldo! Siempre les queda la opción del bajo en sal.

Este caldo también puede congelarse si no se va a consumir, porque, una vez abierto no debería estar más de 4 días en la nevera. En congelación se puede alargar la vida un mes más.

El caldo envasado es un producto a tener en cuenta en nuestras casas, con importantes ventajas, pero eso sí, no todos los caldos son iguales. Si no comprobamos el etiquetado, el “caldo casero” se convierte en agua, almidón y “cosas”.

La denominación “casero” es una de las grandes batallas de los consumidores con la industria alimentaria. La normativa es un churro y por eso nos encontramos con las palabras “casero” “artesano” o “natural” en infinidad de productos.

Es un reclamo para usted, intentando hacerle ver que el producto está “hecho en casa” cuando en realidad no es así. Mi pregunta es ¿y qué más da? El producto es sano, correcto, se ha elaborado con ingredientes apropiados, ¿tanto miedo da decir que se ha hecho en una olla de tres mil litros? Es algo que desde la industria tenemos que revisar. Le hemos dicho tantas veces que lo “casero” es mejor, que ahora no nos cree cuando le decimos que esto, que no lo es, es bueno. Cuando usted sabe elegir y tiene la información, no necesita que en el envase ponga “casero”, querrá que el caldo que compra sea el que más encaja con lo que necesita.

Así que, si en su casa se le va la olla…

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…ya tiene la información, en su mano está la decisión. Gemma

2 comentarios

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gabriela gabriela

Resulta interesante que la industria se vaya acomodando a hacer etiquetas que digan la verdad… Yo creo que poco a poco, y gracias a científicos que le hacen pelea al engaño, la industria irá acercándose de buena manera al consumidor y entenderá que es innecesario el engaño.

Y junto con decir la verdad, se preocupará de preparar productos sanos, sin excesos, y muy apetecibles. Ese será el gran negocio.

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