Verán, ya está aquí el Decreto 163/2018 por el que se regula la venta directa de leche cruda.

Se hace necesario analizar en qué condiciones se va a efectuar esto, dénse cuenta que hace 28 años que la venta de leche directa cruda no estaba permitido. No sé, estas tonterías que hacíamos antes con el objetivo de proteger al consumidor. Bueno, pues en Cataluña han decidido que será este consumidor el que tendrá la seguridad alimentaria (y la posibilidad de contagio por Listeria) en sus manos.

Para empezar diremos que, de acuerdo con la normativa europea, el responsable de garantizar la seguridad y características de la leche, será el operador de la empresa alimentaria. Las autoridades se encargarán de hacer los controles de inspección e impulso del autocontrol del operador. Es decir, si ocurre un brote de listeriosis (algo no tan raro, como han podido ver en las diferentes alertas con quesos elaborados a partir de leche cruda que no han mantenido la maduración de 60 días), el responsable será el ganadero. Entiendo que las aseguradoras incluirán estos nuevos términos porque le podría suponer el cierre de la explotación. (Y el coste a mayores del seguro se lo repercutirán en el precio de la botella, no lo duden).

Explican en el Decreto que en Europa se ha instaurado este modelo de venta de leche cruda en máquinas automáticas (aquí también lo había) pero de leche pasteurizada (leche fresca), pero que en Francia e Italia ha “evolucionado” (con un par, “involucionado” habría puesto yo) a la venta de leche cruda. A ver, que hayan ganado el mundial este año, no significa que tengamos que hacer caso a los franceses, de fútbol, vaya pero de alertas van bien serviditos ( lo pueden ver en el portal RASFF).

Total, que el sector ganadero ha pedido “revalorizar” sus productos para ayudar a la viabilidad de las explotaciones ganaderas. Vamos, que van a aprovechar la moda para venderle la leche más cara directamente a usted.

Los requisitos en cuanto a higiene llevan ya años regulados por los Reglamentos Europeos 852 y 853 (que es a los que se acogían los que actualmente vendían este tipo de leche), así que eso se queda igual. Añaden tres términos de postureo para que parezca que hacen algo nuevo, que dejarlo como está queda regular, son:

  • Un programa de prevención de mastitis, (a ver, que ellos ponen mamitis, que es lo mismo, pero a mi me recuerda a lo que decían que tenía mi hijo conmigo, y me suena raro). bajan el número de células somáticas permitidas a 300.000 (ahora son 400.000), esto es más bien un control de bienestar animal y calidad de la leche, poco tiene que ver con la seguridad, pero vale, siempre se agradece.
  • Limpieza con agua potable de los equipos y utensilios con agua potable. (Estoy segura que esto se cumplía casi siempre).
  • Disponer de un responsable de la explotación con formación para la producción y comercialización directa al consumidor. Tendrán que hacer un curso de 20 horas lectivas para que en ellas le den toda la información que se puede dar en 20 horas sobre los riesgos y controles de la leche cruda.

Indican que:

  • la leche debe enfriarse y conservar después del ordeño entre 1ºC y 4ºC.
  • Sólo se mezclarán leche de dos ordeños sucesivos o la leche de ordeñadas efectuadas dentro de un periodo máximo de 24 horas.
  • Debe cumplir características organolépticas (buen sabor, olor) controlar la acidez y determinar mensualmente los valores de grasa, proteína y extracto seco. (Esto varía mucho)
  • Cumplir el contenido de menos de 300.000 células somáticas/ml mensualmente.
  • Ausencia de residuos de inhibidores. Entiendo que debe hacerse en cada tanque porque esto son restos de antibióticos. El ganadero deberá responsabilizarse de no vender leche con antibióticos. Analizar el tanque y si le da positivo debe tirar la leche. Toda. En cuando de positivo, aunque sea un poquito deberá tirar la producción del día por el desagüe. ¿Está claro? Ese día no vende leche cruda.
  • Los parámetros microbiológicos se medirán mensualmente: Listeria, Salmonella, E.coli y Campylobacter. Si sale bien, se hará cada tres meses. Los patógenos ambientales están siempre, la leche se vende diariamente, no sé, no sabemos cómo va esto, igual era mejor reducirlo un poco al principio, ¿no?.
  • Contaminantes químicos como la aflatoxina M1 (en algunas industrias que conozco se hacen muestras aleatorias todos los días con la leche que llega) y el plomo, se realizarán cada mes.

La leche que no se haya vendido en 24 horas deberá retirarse (pero podrá retornar a la explotación sin poderla vender como cruda de nuevo).

Esta leche cruda se podrá vender en la misma explotación, a través de máquinas automáticas (envasada) y a través de minoristas (envasada). Si es a granel, se hará en un envase higienizado y apto para productos alimenticios (esto lo añado yo: no vayan a usar bisfenol A, que tiene mucho riesgo).

En etiquetado:

Debe informarse de:

  • Leche cruda no tratada térmicamente: hay que (se les ha olvidado el “que”) hervirla antes de su consumo. No informa de cuánto tiempo hay que hacerlo ni de qué manera. Improvisen, que no es para tanto.
  • Fecha de caducidad. OJO, indican 72 horas a partir del ordeño y puede venderse 24 horas después de la recogida. Eso son 48 horas.
  • Rango de temperatura de conservación en refrigeración. IMPORTANTE: es entre 1ºC y 4ºC, las neveras normales llegan a 8ºC, ténganlo en cuenta. Añadiré sin intención de asustar que la Listeria aguanta tan ricamente temperaturas de refrigeración.
  • Cantidad neta
  • Identificación del responsable.
  • Fecha de envasado y lote.

Cuando sea a granel se entregará un documento con esta información. En las máquinas automáticas debe estar visible esta información. IMPORTANTE: apúntesela, si hay algún problema necesitamos saber esta información.

Las empresas deberán tener instaurado un sistema de autocontrol basado en el sistema de análisis y puntos críticos (nuestro APPCC) no es muy fácil hacerlo pero supongo que tendrán formación específica. Si hay un fallo en el APPCC, habrá un fallo de seguridad alimentaria.

Las autoridades sanitarias llevarán los controles oficiales habituales según la normativa en higiene alimentaria. Tampoco verán necesario poner más, total, esto no es tan importante.

Estos son los puntos que he considerado más importantes de este nuevo Decreto.

Se les ha olvidado recalcar que este tipo de leche no debe ser consumida (ni hervida) por:

  • niños
  • mujeres embarazadas
  • personas con su sistema inmune comprometido
  • ancianos

La necesidad de potenciar un sector no puede exponer a un alto riesgo al consumidor aprovechando una moda actual que nos hace retroceder 30 años. Pero es sólo mi opinión.

Gemma

19/07/2018. ACTUALIZACIÓN. No hay aplausos. Un par de detalles del decreto, ya lo analizaremos más despacio:

  • El decreto 163/2018 dice que “garantizar la seguridad de la leche será responsabilidad del operador”, es decir, de la ganadería, que se aten los machos, que pueden venir curvas.
  • Los requisitos de producción, manipulación, etiquetado, envasado, e información al consumidor son los que establecen el 852 y 853 en materia de higiene alimentaria y dicen que añaden alguno más de prevención de mastitis, limpieza de equipos y formación al personal.
  • Es curioso que diga que esto se hace porque el sector ganadero ha pedido que se permita la venta de leche cruda porque en algunos sitios de Europa se vende en máquinas expendedoras (ajá, ¿y?, pero ¿tenemos que coger lo malo del resto?), y así pueden revalorizar sus productos (no, si encima nos saldrá por un pico poner en riesgo nuestra salud).
  • Aparece el término “distribuidor automático de leche a granel” (me lo imagino como lo de las gasolineras) que mantenga la temperatura entre 1ºC y 4ºC.
  • Recuerdan a los ganaderos que deben cumplir medidas exquisitas de higiene (le falta decir: por su bien, colegas)
  • El artículo 4 es la ampliación de los requisitos respecto a medidas de “mayor control”
    • prevención de “mamitis” (así ponen). Esto es para disminuir la cantidad de células somáticas en la leche, que bueno, está bien, pero vamos, ya está regulado.
    • limpieza de equipos con agua potable (no me digan, ¿hasta ahora se hacía con agua sucia?)
    • Disponer de un responsable con formación para producción y comercialización. Esto ya me parecía necesario antes.
  • En el Artículo 5 dice que la leche cruda debe cumplir:
    • se debe enfriar inmediatamente después del ordeño (no sé si ustedes han visto la leche después de ordeñar y enfriar, se separa la grasa y queda en dos fases, da un poco de grimilla)
    • Sólo se mezclará leche de dos ordeños sucesivos.
    • Se harán controles MENSUALES (o trimestrales si los resultados son favorables) de Listeria, Samonella, E.coli, Campylobacter, así como de Aflatoxinas y plomo. ¿Cada mes? Puede pasar de todo en un mes.
  • En el artículo 7 dice que la venta se hará en las 24 horas siguientes a la trata y que la fecha de caducidad sera de 72 horas desde el ordeño. OJO, desde el ordeño, se puede vender en las 24 horas siguientes a la trata y 72 horas después del ordeño, esto es: no lo tengan más de 48 horas.

Vamos al etiquetado, Artículo 11:

  • Deberá especificar:
    • Leche cruda de vaca no tratada térmicamente: hay que hervirla antes de su consumo” No dice nada de 3 veces, ni qué temperatura, ni cuánto tiempo. Y ustedes no tienen por qué saberlo.
    • Fecha de caducidad
    • Rango de temperatura de conservación en refrigeración (IMPORTANTE: precaución, que nuestras neveras van entre 2 ºC y 8ºC y esta leche debe estar entre 1º y 4ºC)
    • Identificación del responsable
  • Cuando sea venta a granel se le dará un documento con esta información.
  • En las máquinas expendedoras vendrá la misma información en lugar visible. Confío en que recuerden ustedes cuándo la compraron para no pasar de dos días.
  • Muy fan del anexo III: es necesario un curso de 20 horas de formación.

En definitiva, es un texto imprudente, populista y cediendo a modas peligrosas.

Espero que se sepan valorar los riesgos los consumidores ya que sus gobernantes no lo han hecho.

Gemma

NOTA: Esta entrada es únicamente sobre la noticia que ha salido en la prensa. Cuando veamos el documento oficial actualizaré los comentarios. (Ojalá cambiemos críticas por aplausos)

Verán, leo con muy “mala leche” que el Govern aprueba un decreto para la venta de leche recién ordeñada.

Aquí tienen la noticia:

Estoy avergonzada como parte del sistema de la Industria Alimentaria donde cada día busco la manera de proporcionarle más seguridad al consumidor.

La razón que dan después de 28 años de prohibición por razones sanitarias es:

“que los productores puedan diversificar sus explotaciones ganaderas y darles valor, y así “fortalecer el sector lácteo catalán”, según recoge el anuncio del decreto, que se publicará mañana en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC).”

Miren, para fortalecer el sector lácteo se puede utilizar: formación en nuevas tecnologías para los ganaderos, agrupación de explotaciones para mejorar la producción, aumentar los recursos para potenciar los métodos que mejoren el bienestar animal, mostrar interés en las necesidades de los ganaderos para conseguir productos de mejor calidad para que quien los recoja pague más por ellos.

Se me ocurren muchas más alternativas para dar valor a las explotaciones ganaderas que exponer a un riesgo al consumidor.

Un riesgo innecesario. No me pongan esa excusa, no sirve. Inventen otra, porque la sensación que da es que sus argumentos nada tienen que ver con la realidad, no están pensando ni en el ganadero ni en el consumidor.

Por más estupendas que tengan las explotaciones (que seguro que las tienen, no lo dudo), en seguridad alimentaria basamos nuestros análisis en la posibilidad de que un evento no deseado ocurra y de la gravedad del mismo. Sinceramente, adquirir leche cruda aumenta el riesgo a valores poco tolerables en el día a día. ¿Será que es mejor la leche cruda y merece el esfuerzo asumir ese riesgo? Aquí les dejo un artículo exquisito de Miguel Ángel Lurueña (Gominolas de Petróleo) donde aclara que NO lo es.

La leche, dentro de la glándula mamaria es prácticamente estéril, hasta ahí bien. Pero una vez sale de allí… las posibilidades de contaminación durante el ordeño y el manejo de la propia leche aumentan muchísimo, como es lógico. Además, no olviden que la leche es un caldo de cultivo estupendo para infinidad de microorganismos. Tiene gran cantidad de agua, su pH es perfecto para que sobrevivan y encima tienen nutrientes a tutiplén. Si yo fuera microorganismo no perdería la ocasión de quedarme allí. Lo mismo piensan la Salmonella, Campylobacter, Escherichia coli , Yersinia enterocolitica, Listeria monocytogenes o Staphylococcus aureus. Por suerte, la incidencia de brucelosis (no están tan lejos las fiebres de malta) y tuberculosis es muy baja.

Los microorganismo ambientales contaminan la leche

Y sí hay controles, sí se analiza, sí se intenta buscar la seguridad, claro que sí. Pero si en procesos que garantizan inocuidad el riesgo cero no existe, imaginen cuando no hay ningún método verificado que garantice esa inocuidad.

Esa responsabilidad se la dejan a usted, querido consumidor, y si falla será sólo su problema.

Las recomendaciones para tomar leche cruda son bastante claras:

  • Conservar y mantener en refrigeración constantemente.
  • Hervir la leche antes de consumirla.
  • No recomendada para embarazadas, niños, ancianos, personas con el sistema inmune debilitado.

Confirmar la temperatura por debajo de 4ºC durante todo el transporte no es sencillo. Hervir la leche garantizando que se han alcanzado a las temperaturas de seguridad no es sencillo. No encontrarnos a ningún grupo de población que no deba tomarla, no es sencillo. Ah, y no se les olvide una cosa, los componentes de la leche varían estacionalmente, la cantidad de grasa puede ser el doble de una estación a otra. Así que controlen eso también, si pueden.

No hay ningún motivo para beber leche cruda. Se pongan como se pongan.

¿Entonces? ¿Por qué tendríamos que adquirir este tipo de leche? Pues no lo sé, la verdad, no veo ningún motivo por el que alguien quisiera asumir riesgos innecesarios para él y su familia teniendo la posibilidad de adquirir un producto correcto, sano y seguro. Más allá de una moda, eso sí. Por eso me indigna que una institución utilice eso como argumento para hacerle creer a unos que van a tener un producto mejor y a otros que su negocio va a mejorar. Resulta que miente a los dos.

Ojalá esto no vaya más allá de una moda y tanto unos como otros se den cuenta de que querer retroceder en materia de seguridad alimentaria es negativo (y peligroso) para todos.

Señores del Govern, si quieren fortalecer el sector lácteo catalán, trabajen en analizar sus necesidades y piensen. Que en este caso desde luego que no lo han hecho correctamente.

Las alternativas populistas basadas en modas y desinformación sólo aumentan la desconfianza en sus decisiones.

Gemma

Verán, cuando Einstein dijo “todo es relativo” en realidad estaba mirando los nutricionales de un etiquetado. Y es que se fían mucho de esa pequeña tablita que les ponemos al lado de la lista de ingredientes. Sobre esa tabla podemos basar nuestra elección de compra porque “tiene muchas grasas” o “mira los hidratos de carbono”. Pero ¿tenemos que dar tanta importancia a estos números?

Las tablas de componentes nutricionales son un buen complemento para terminar de definir lo que hemos leído antes en la lista de ingredientes, pero sólo como una información más.

La lista de ingredientes puede vivir sin la tabla de nutricionales (así fue hasta que apareció el Reglamento 1169/2011). No ocurre lo mismo al revés: la tabla sin ingredientes se queda en un grupo de números… relativos.

¿Qué vemos (y qué no) en una tabla nutricional?

La información mínima que hay que declarar en cuanto a ingredientes nutricionales es:

  • el valor energético: expresado por 100g/100 ml siempre (para poder comprar correctamente dos productos) Aunque también podemos ponerlo voluntariamente por porción (por la porción que nos de la gana, ¿eh? Que lo que consideramos “porción” en el Imperio no tiene que coincidir con la suya. Atentos a eso. Debe ir expresado en kilojulios (kJ) y kilocalorías (kcal) – que es a lo que llamamos calorías normalmente-.
  • las grasas totales (expresado en gramos –g-) y dentro de ellas las grasas saturadas. Especificar estas últimas puede inducir al consumidor que son algo malo pero decidieron que podía ser interesante. Es cierto que no son el mejor tipo de grasas comparadas con las insaturadas, pero fíjense que las grasas trans sí son perjudiciales y en España no se declaran (en Estados Unidos sí lo hacen). Los legisladores tienen el compromiso de crear en tres años un informe para valorar la declaración de las grasas trans.
  • los hidratos de carbono totales (g) y dentro de ellos los azúcares (g). Esto es un dato interesante porque no es lo mismo hidratos de carbono (como el almidón) que azúcares, si lleva azúcar añadido se puede ver aquí. Son recomendables alimentos con hidratos de carbono pero con pocos azúcares.
  • las proteínas totales (g), no se especifica el tipo, pero tampoco es necesario.
  • la sal (g). Estaba permitido declarar sodio (en otros países como en Sudamérica se hace así- sodio en mg-), aquí ya no se puede. Si lo ven en algún sitio pueden calcular la cantidad de sal multiplicando por 2,5 el valor del sodio. (No olviden cambiar mg a gramos o se darán un susto).

Esta es la mínima información que debe incluirse en la tabla. A partir de aquí podemos declarar minerales, vitaminas, fibra, almidones o polialcoholes. Incluso podemos repetir en el campo visual principal (en el frontal del envase) el valor energético solo o junto a grasas (y saturadas), azúcares y sal. Como es evidente, sólo pondremos estas informaciones “extra” si nos beneficia. Tenemos permitido también poner pictogramas para dar esta información. En el plazo de 6 años deberán presentar un informe para armonizar el caos del semáforo nutricional (espero que elijan bien).

Ni los alimentos no envasados ni las bebidas alcohólicas deben llevar tablas de análisis nutricional (en las bebidas alcohólicas la industria presentará una propuesta. Si no es aceptada, se valorarán otras opciones. Pero antes o después, tanto nutricionales como las listas de ingredientes, llegarán)

Bueno, pues ahora que ya saben qué hay escrito en esa tabla, ¿vamos con los números?

¿Cómo calculamos los componentes nutricionales?

Lo lógico es pensar que analizamos todos nuestros productos, es una opción, pero no la única. Y aun analizándolos, no se exige ni número de muestras mínimo ni se especifican métodos en concreto. Lo que sí hay que cumplir es que sean valores medios obtenidos de un análisis químico del alimento o un cálculo teórico a partir de valores conocidos y aceptados (y que si cogen una muestra, los datos coincidan).

Lo más caro (pero lo más habitual y correcto) es enviar varias muestras a laboratorios acreditados. Con los resultados haremos una media. Así que el alimento del que está leyendo la tabla nutricional puede tener valores por encima y por debajo de lo que ve. Además, no todos los alimentos son exactos, así que sobre esa media tenemos unos márgenes de tolerancia.

DOCUMENTO DE ORIENTACIÓN PARA LAS AUTORIDADES COMPETENTES EN MATERIA DE CONTROL DELCUMPLIMIENTO DE LA LEGISLACIÓN

Las muestras se envían a los laboratorios donde utilizan diferentes métodos directos para calcular los gramos de los nutrientes. Por ejemplo: método Kjeldahl para proteínas, Luff-Schoorl para azúcares o extracción Soxhlet para grasas. Así obtenemos los gramos que hay de cada una de ellas en el producto.

Los hidratos de carbono pueden ser un valor atribuido, eso significa que se calculan restando los gramos de los demás nutrientes del total del alimento:

g de grasas+ g de proteínas= X

g totales del producto – X= g de hidratos de carbono totales

(no olviden que los azúcares sí se calculan e indican de forma específica)

Con estos gramos obtenidos podemos calcular el valor energético total gracias a esta tabla de conversión que nos indica el 1169/2011, verán:

Aquí tenemos las kcal y kJ que aporta cada gramo de nutriente, así que sólo tenemos que multiplicar los gramos obtenidos en el análisis por esos valores dados:

25 g de grasa x 9 kcal/g= 225 kcal

20 g de proteínas x 4 kcal/g= 80 kcal

3 g de hidratos de carbono totales x 4 kcal/g=12 kcal

kcal totales de producto= 317 kcal

Y voilà, ya tenemos el valor energético total.

O no, porque hay nutrientes como la fibra que también aportan calorías (pueden verlo en la tabla, 2 kcal/g) que, como no se tienen en cuenta obligatoriamente en la tabla nutricional pueden quedarse por ahí perdidas o estar añadidas a la resta que hicimos para calcular los hidratos de carbono. En ambos casos el total de valor energético no sería exactamente el real (no son valores tan altos para sea algo importante, sinceramente). Cuando el alimento tiene alta cantidad de fibra sí que se especifica y se acercará más al valor real.

No todas las empresas tienen la capacidad económica para costear estos análisis nutricionales de todos sus productos. Así que utilizan los valores teóricos registrados en bases de datos de composición de alimentos. Son bastante fiables y, aunque pueden tener pequeñas variaciones, son poco significativas.

Algunas de estas bases de datos son: INFOOD http://www.fao.org/infoods/infoods/es/ , EuroFIR AISB http://www.eurofir.org/ que reúne conjuntos de datos de composición de alimentos de 26 países europeos, Canadá, EE. UU, Nueva Zelanda y Japón. En España tenemos la BEDCA que recoge los análisis de casi 1000 productos. http://www.bedca.net/

En ellas podemos basar la información que incorporemos a nuestra la tabla nutricional ya que recogen datos de diferentes fuentes fiables (estudios, industria, laboratorios…). Si bien es cierto que no serán exactamente los de nuestro producto, dan una correcta orientación.

Como ven, todo es relativo, y los análisis nutricionales, más aún. Así que tómenlos como lo que son, una información más, nunca como las tablas de la ley.

En el próximo episodio (si nada lo impide) les contaré por qué el IR (cantidad diaria recomendada) es más orientativa aún que esta tabla nutricional.

Ahora ya tienen la información, en su mano está la decisión.

Gemma

Verán, no hay época del año mala para promocionar los complejos vitamínicos. Siempre hay una excusa: que si la primavera o el otoño, que si exámenes o que si estás estresado. Cualquier motivo es bueno para repetirnos que necesitamos una dosis “extra” de vitaminas.

¿Necesitamos una dosis extra de vitaminas? ¿O nos están limpiando el bolsillo?

Vamos a empezar por saber cuántas vitaminas necesitamos diariamente, pero de verdad. Esto nos lo indica la CDR (Cantidad diaria recomendada) o IR (Ingesta de Referencia). Esto es la cantidad de cada nutriente que debería ingerir un adulto de media cada día. Se basa en estudios científicos y está regulado por la Unión Europea. Se fija esta cantidad para vitaminas y para minerales.

Aquí les dejo el Real Decreto 1669/2009 donde especifican estos valores:

https://www.boe.es/boe/dias/2009/11/07/pdfs/BOE-A-2009-17652.pdf

Si analizamos los componentes de este envase, vemos que en ocho vitaminas se supera hasta en 720 7.2 veces la cantidad diaria recomendada. Especifican claramente que no deben consumir más de un comprimido al día. Y no lo dicen por decir, una ingesta de vitaminas muy superior a la necesaria también puede tiene efectos no deseados.

El propio suplemento también tiene posibles efectos secundarios como diarrea (el más típico), dolor de estómago, náuseas o posibilidad de alergia. ¿Es necesario asumir que nos puedan ocurrir?

La cantidad de vitaminas que necesitamos está perfectamente cubierta con una dieta, digamos, normal. Con lo que salvo enfermedad, dieta deficiente o prescripción médica no necesitamos tomar ningún suplemento. ¿No me creen? Atentos que vamos una a una.

  • Vitamina A: este suplemento contiene 800 microgramos, el 100% de la cantidad diaria recomendada.

La zanahoria tiene 1000 microgramos en 100 gramos. Equivale a dos zanahorias de tamaño medio.

Un tomate tiene 350 microgramos por cada 100 gramos. Un par de tomates tendrían 1000.

El hígado de ternera se viene arriba con unos 20.000 microgramos cada 100 gramos, el de cerdo puede llegar a 35.000. A mi no me gusta, pero oye, las zanahorias sí. No hay que consumirlo todo ni todos los días, la variedad es la clave.

Las espinacas y los grelos rozan los 1000 microgramos (ya no lo escribo más, todo es por 100 gramos).

¡Combinen, señores! ¡Tienen para elegir!

Estos son alimentos que cubrirían por sí mismos el 100% de la cantidad diaria recomendada. Lo mismo que el comprimido. Pero es que no nos quedamos ahí, hay muchos alimentos que tienen vitamina A que consumimos a diario y que juntos llegarían a ese 100%: la leche, el queso, salmón, almejas, albaricoque, melón, pollo, pavo… (ocurriría lo mismo con el resto de vitaminas)

Señores, con la A no me convencen.

  • A ver con la Vitamina E… la pastilla tiene 26,8 mg (223% CDR).

Bueno, aquí los reyes son: el aceite de girasol, de oliva y los frutos secos. Con 50 gramos de cada cosa conseguirán 4 veces más que lo que viene en el comprimido. Así que no se vengan arriba y tomen menos. Las aceitunas, el aguacate, las acelgas, entre otros también son una buena combinación para conseguir la cantidad necesaria.

Mal vamos con la E. Sigamos con la C

  • Vitamina C: el suplemento tiene 120 mg (150% de la CDR).

Aquí no hay duda, la fruta es nuestra aliada en este rico antioxidante.

Una única naranja ya tendría el 116% de la CDR. Pero es que una taza de fresas lo aumentaría al 140%, igual que un kiwi. Incorpore el brócoli a su dieta y conseguirá vitamina A, E y el 135% de CDR de vitamina C. Eso sí, los jefes son los pimientos, que con 100 gramos superan en 3 veces al comprimidito.

  • Vitamina K: 25 microgramos (33% CDR) en el suplemento.

Con esta vitamina tienen que tener cuidado si están tomando anticoagulantes, no se pasen y consulten a su médico la dieta más apropiada. No es que eliminen estos alimentos, es que no se hinchen a comerlos.

Todos los alimentos de hoja verde tienen vitamina K para exportar. No se lleven lejos el brócoli, de vitamina K tiene un 176% de la cantidad recomendada. Al que no le guste puede optar por espárragos, pepinillos, ciruelas…

Nos reímos de su 33%, ¿verdad? Innecesario.

  • Vitaminas B1, B2, B6, B12: aquí van del 343% al 720%.

Han ido un poco de sobrados, ¿eh? No pasa nada, el exceso de estas vitaminas se elimina por la orina. Así que ya saben por dónde se está yendo el dinero que han gastado en el suplemento. Ojo cuidado: si toman demasiada cantidad pueden notar efectos como temblores, taquicardias… hasta que se va eliminando. Tomen bastante agua para favorecer la eliminación.

Estas vitaminas (junto con la C) son hidrosolubles, así que se podría perder algo en el cocinado. Pero sin dramas, que vamos bien, ahora verán:

¿Qué les apetece? Tenemos de todo: carne, huevos, legumbres, hígado, atún, salmón, sardinas, marisco, guisantes, cereales integrales, queso, yogur, frutas, alimentos de hoja verde, soja, setas… Una maravilla.

¡Pueden comer lo que quieran, pues disfrútenlo en estos alimentos y no en comprimidos!

  • Rematamos con la vitamina D: con 5 microgramos tendremos un 100% de la CRD.

Pues nada, ya estaría hecho el día, pero se perderían el placer de comer un buen plato de salmón, caballa, sardinas o atún, huevos, queso… Y miren, yo eso no lo cambio. Con cualquiera de ellos ya tengo más del 100% cubierto, y eso sin contar con el resto de beneficios que tiene comer pescado.

No sé a ustedes, pero a mi estos señores de los multivitamínicos no me han convencido. Creo que prefiero comida de verdad.

En un día comiendo fruta, verduras, pescado, carne, huevos (vamos, lo que comemos todos los días) tenemos cubiertas de sobra todas las necesidades nutricionales sin necesidad de suplementos y, por supuesto, tampoco necesitan pagar más por alimentos enriquecidos.

Y no es que se lo diga yo, es que en este estudio que nos dejó Raquel Blasco, se ha demostrado que estos complejos multivitamínicos no sirven para nada. No aumentan su energía y disminuyen su bolsillo.

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0735109718345601?via%3Dihub

Ahora ya tienen la información, en su mano está la decisión… de supervitaminarse sin pastillas.

PD: este post va con mención y agradecimiento especial a David Rodriguez (@davidrgt14) que ha tenido la idea de comparar los complementos con la comida de verdad.

Gemma

Verán, ayer el periódico “El Español” se equivocó de pleno publicando un artículo sensacionalista con información incorrecta, dosis brutales de miedo y absoluta quimiofobia respecto a las frutas y verduras. Lo que nos faltaba.

https://www.elespanol.com/ciencia/salud/20180531/mejores-peores-frutas-verduras-puedes-elegir-super/311469580_0.html

Les estaba contestando punto por punto a tanta barbaridad, pero he parado. Hoy no lo voy a escribir yo.

Hoy les contestan ustedes, porque sus comentarios han sido tan magníficos que merecen un recopilatorio de algunos de ellos. Por suerte, cada vez hay más gente que lee este tipo de “desinformación” y duda de su credibilidad.

Es una pena que a día de hoy tengamos que rebatir estas cosas. Vamos con las mentiras y verdades paso a paso.

Alguna verdad tenían que decir, ¿no?
Alguna verdad tenían que decir, ¿no?

Muy cierto, ningún comentario al respecto. Hay que comer fruta y verdura.1

Sí, hay que saber elegirlas, pero no por lo que dicen después sino porque la fruta de temporada es una gran opción y la de proximidad, también. Procuren elegir frutas y verduras no envasadas. Ojito con el BIO y ECO que es lo que más envasado suele estar.

Bueno, vamos con el primer párrafo que es más falso que pagar manzanas con un billete de 6 euros y lo que opinan ustedes del asunto.

3.1

Contesta Alex:

3

Muy cierto, el tomate está mejor fuera que dentro de la nevera, el frío no le va bien. A otros productos tampoco: ni piña, ni plátano, nada de frutas tropicales. Ni ajos ni calabacines. En cambio la naranja sí está mejor en la nevera.

4

Muy fan de este comentario de Jorge. Ni los OGM ni los pesticidas hacen que los vegetales tengan la misma forma. Se hace un cribado por tamaño y forma cuando se recogen, se clasifican y envasan.

5

El blog de Centinel es canela en rama, así que no se lo pierdan.

Venga, seguimos, que resulta que no todo es sano. 67

Esto dice Jorge:8

No sé a ustedes, a mí 1000 litros de lo que sea… lo mismo no me sienta bien. Tampoco de glifosato.

Venga, un poco más de miedo, que la fruta es poco. 9

Ahí va el gran Julio:

10

Ningún artículo quimifóbico y sensacionalista sin su ONG. Estas cosas hacen daño a las que trabajan de verdad por mejorar.

11

Que ya lo dice Álvaro, nada más que comentar. #stopquimiofobia

12

En este párrafo aprendemos cómo eliminar las palabras clave de un informe para decir algo que da mucho miedo, atentos:

13

Menos mal que “La ciencia de comer” da esas palabras que cambian la película:14

Con este párrafo quiero llorar muy fuerte. 15

Si lo dice AECOSAN, la EFSA y todos los organismos autorizados para opinar… ¿a qué viene el párrafo anterior? Ya se lo digo yo, EL MIEDO VENDE.

Y con este se han esforzado, ¿eh?

16

Sois tremendos. Grande Manolo…:

17

Un poco más, que ya terminamos:

18

Pues fenomenal, come todas las lechugas que puedas.

19

Estudios en ratones: nos salvan la vida y nos la quitan.

20

Me flipa (¿se puede decir “flipa”?) que el mismo periódico contara esto en abril:

21

Y ahora nos cuentan una de las mentiras más gordas (y miren que llevamos unas cuantas) que hemos leído:22

FALSO. Falso del todo. Un producto procedente de agricultura ecológica sólo significa que cumple con esa normativa. Ya está, chim-pum. No hay más. No mejora el sabor, no mejora los nutrientes, no cambia nada. Sólo cumple con esos requisitos. De hecho, hay plaguicidas de agricultura ecológica que son bastante más tóxicos que los que no lo son. Un ejemplo de Gram_positivo

23

Ya contesto yo: agricultura ecológica. Así que milongas, a otro.

Ahora nos cuentan las preferencias colorimétricas de los pesticidas. Tengo que reconocer que aquí me entró la risa.

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Mundialmente conocido que los pesticidas odian los colores vivos, no tienen nada de estilo. Unos mustios, que son unos mustios.

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Coma fruta, cocine la verdura bien, lávelo todo bien. Coma lo que quiera sin miedo: 10, 20 o las raciones que le de la santa gana. Le garantizo que es seguro.

La única precaución que tiene que tener es lo que te cuenta Rosa Porcel (@bioamara) recomendado por Tatiana que siempre está al quite:

Captura

http://lacienciadeamara.blogspot.com/2015/10/tomates-verdes-mejor-fritos.html?m=1

Que este tipo de desinformación no le quite las ganas de ir a por su maravillosa fruta y comerla con toda tranquilidad.

Ahora tiene toda la información, en su mano está la decisión.

Gracias a todos, sois muy grandes.

Gemma

Verán, el otro día escuché a una mujer que elaboraba sus propios cereales en casa, añadiendo un montón de ingredientes (todos saludables, por supuesto). No me acuerdo de todos, pero sí recuerdo que añadía miel y sirope de agave porque era todo “natural”. Nada de azúcar, que eso es veneno y hecho en casa, que es mejor.

En ese momento me entró un tembleque en las piernas pensando si estábamos distorsionando la realidad del consumidor diciéndole qué es REAL y qué es FOOD. En la definición se partía de comida natural y mínimamente procesada. Añadiendo que ese procesamiento puede alterar el alimento provocando una repercusión en nuestra salud.

Pero verán, ese miedo a que el Imperio “procese” alimentos (los más seguros de la historia) está derivando en que les pueda ocurrir esto:

  • Si se hace la misma “cochinada” en casa que haríamos en el Imperio: no debería ser REAL FOOD.
  • Si necesita sustituir los productos ultrapocesados pero hechos en su casa: no debería ser REAL FOOD.
  • Si cree que en vez de avena debe tomar espelta y que al pan integral debe añadirle chía… no debería ser REAL FOOD.
  • Si busca productos BIO, ECO o vegetarianos porque cree que son más saludables: no debería ser REAL FOOD.
  • Si pasa más tiempo en la sección de “complementos nutricionales” que en la frutería: no debería ser REAL FOOD.
  • Si en su cesta de la compra hay más ingredientes con nombres y orígenes que no conoce: no debería ser REAL FOOD.
  • Si cree que los alimentos procesados son el mal y que hacer lo mismo, pero en casa es mejor: no debería ser REAL FOOD.
  • Si cree que los aditivos son malos porque le envenenan y que los pesticidas le van a matar: está muy alejado de lo que debería ser REAL FOOD.

Y no nos quedamos ahí, no. Le estamos inundando de información sobre alimentos que poco menos le salvan la vida: superalimentos, les llaman. Pues ya les digo yo, que lo de súper se lo han puesto porque es el súper el que se lleva la pasta que paga por ellos. Porque ninguno de ellos, tiene propiedades suficientes por sí mismo para conseguir nada en su organismo. Pero nada, ¿eh?

Y ya si usan cualquier argumento de los anteriores para la pérdida de peso… miren, ayer vi este tuit de Pablo Zumaquero y me pareció brutal.

https://twitter.com/pzjarana/status/998268418783633408

real2

Esta imagen “resume” (soy una optimista, ¿eh?) todos los factores que influyen en la pérdida de peso y cómo se interrelacionan. ¿De verdad creen que por añadir a su desayuno la última moda en el producto más molón (y caro) del mercado van a conseguir, así sin más, un efecto en su organismo? Ni de broma. Es la combinación de una dieta saludable (y no le hace falta el alimento molón) con ejercicio y buenos hábitos. Sin esa combinación, la comida será lo de menos.

Una dieta variada, completa, rica en fruta, verdura, legumbres, pescado… vamos, lo que ya sabe, es más que suficiente para completar todos y cada uno de los nutrientes que necesita. Ni se obsesione ni se traumatice. Le aseguro que sus necesidades nutricionales están cubiertas perfectamente.

Con frecuencia me encuentro a personas negando tres veces a la Industria Alimentaria, añadiendo semillas de no se qué al rebozado de su pechuga de pollo porque es “más sano”. Y le cuento un secreto, la pechuga es un alimento que ha sido procesado, aún no hemos conseguido obtenerla sin el resto del pollo.

Pero a ver, alma de cántaro, ¿no será mejor hacer esa pechuguita a la plancha y no engañarse con superalimentos que no lo son?

No se crean, que también me he encontrado conguitos caseros porque los del Imperio son muy malos y nos envenenan. Pues, amiga, lo mismo. Unos cacahuetes cubiertos de chocolate son el mismo engañabobos que los de sobre, sólo que le lleva más tiempo hacerlos. Y no, no se crean que las diferencias nutricionales son tantas. Como piensan que son mejores, pues hale, medio kilo para el bolso, y no. Los mismos cacahuetes (o cualquier alternativa de frutos secos) en 30 g son perfectamente saludables y no tienen que imitar al Imperio tan “malamente”.

La comida real es la de siempre, la que tiene cerquita de su casa, la que amablemente le venden en la frutería, y sí, también en la del supermercado.

También hay alimentos "procesados" como alternativa saludable en el supermercado
También hay alimentos “procesados” como alternativa saludable en el supermercado

Porque tenemos que cambiar nuestro modo de ir a la compra. Debemos hacer un #realLook. Una mirada real, una mirada consciente. Responsabilizándonos de lo que metemos en nuestra cesta de la compra. No temiendo a los aditivos presuponiéndoles un alimento malvadamente procesado, sino analizando claramente lo que después consumiremos en nuestras casas. Porque el problema no es el aditivo, es el alimento.

El único que puede decidir (y de sobra sabe) qué comprar y qué no: es usted. Todos sabemos la diferencia entre el procesado: caldo envasado y el procesado: donut, ¿verdad? Y no se ponga etiquetas, no tiene que demostrar nada a nadie.

Ahora ya tiene la información, en su mano está la decisión. #realLook

Gemma

Me dais vergüenza, compañeros. Así lo siento.

Hoy vi este cartel en un hipermercado y me ha dejado una terrible sensación de rabia, impotencia y pena. Otra vez.

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¿En qué momento hemos derivado nuestro discurso, nuestra publicidad (que no nuestros alimentos) a ese absurdo fomento del terror hacia los aditivos?

¿En qué momento pensasteis que era correcto (o ético) dar a entender que un producto peor llamado “natural” era mejor que uno que también lo es, pero con otros aditivos diferentes?

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¿Por qué renegáis de los compuestos que han conseguido que nuestros alimentos sean más seguros, duren más, tengan un sabor, un color, una textura correcta durante toda su vida útil?

Si queréis os lo digo yo. Utilizamos aditivos en todos los alimentos, en los buenos y en los malos. En algunos los hemos usado con el objetivo de hacer creer que el producto es de mejor calidad. Pero antes el consumidor no miraba. Y ahora mira ¿eh? Ahora pregunta y quiere informarse, pero no siempre encuentra las mejores fuentes. Y hemos hecho (nosotros, compañeros, no miréis al otro lado) que asocien un producto malo con que un aditivo es malo. ¡Qué error! Hemos dado pie a bulos quimiofóbicos, hemos facilitado el camino a quien sabe que el miedo vende.

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Y sois tan tontos que, en vez de contestar, en vez de informar, en vez de utilizar materias primas de mejor calidad y seguir usando los aditivos tan tranquilos, habéis tomado la opción de seguir mintiendo pero desde el otro lado. Buscáis aditivos “naturales”como si todo, absolutamente todo, no fuera química. Habéis preferido confundir doblemente al consumidor poniendo nombres que les “suenan” en vez de decir que tanto los que les suenan como los que no, son perfectamente seguros. Y encima haciendo entender que hay otras marcas que sí utilizan esos malvados productos.

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Era complicado explicar que no podemos poner todos los aditivos en todos los productos que queramos ni en las dosis que nos venga en gana. Es difícil perder un minuto en decir que cualquier aditivo añadido está regulado y avalado en dosis indicadas, que son perfectamente seguros y que el objetivo es mejorar o mantener las características del alimento.

Es más fácil callarnos que el problema es el producto, no el aditivo, ¿verdad? Dejarían de comprarlos.

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Habéis sido listos, no lo puedo negar. La opción más rentable era mantener los productos “malos” con aditivos (y colores más brillantes) y abrir el mercado a los nuevos productos “SIN”.

Como si pudiéramos mantener exactamente el mismo producto sin añadirle nada. Eso le hacéis creer al consumidor, compañeros. Pero se va a dar cuenta de que también son aditivos, y ese día ¿qué vais a hacer? Porque no le estáis diciendo que el producto lleva conservantes que conoce, no, le decís “sin conservantes”, “sin colorantes artificiales” y todo junto a la palabra “natural”. ¿Qué vais a hacer cuando todos los aditivos sean “no artificiales” (manda narices) y ya no os diferenciéis del resto con ello? Miedo me da.

Tenéis una responsabilidad con la sociedad. Debéis comunicar e informar al consumidor que todo lo que se añade a un alimento es seguro. Y lo que se añade a los procesados que no son saludables también lo es, lo que no es bueno es ese alimento que hemos inventado, no los aditivos.

Y por si fuera poco, como sabéis que el producto no es bueno (porque lo sabemos, no miréis al consumidor), le añadís algún nutriente que le parezca chulo a quien lo compra (vitaminas, minerales) para que, tantoellos como vosotros, os sintáis menos mal con el esperpento que habéis ideado. Aquí me dais más vergüenza aún.

quimio 6¿En qué lugar nos dejáis a los que creemos que los avances en la industria alimentaria mejoran y facilitan el acceso a alimentos variados y seguros? ¿A los que peleamos cada día por informar de lo que de verdad hacemos? Queridos compañeros: yo también soy Imperio, pero no soy como vosotros. Y lo peor, las personas que trabajan para quien decide fomentar esto, estoy segura que tampoco.

Vergüenza de quimiofobia que hemos creado y que ya os adelanto: pagaremos caro.

Verán, estos días se ha hablado en la prensa de los caldos envasados. Unas opiniones mejor que otras, la verdad. Aquí no vamos a hacer la comparativa entre un caldo de verduras frente a comer verduras. Eso es como decir que comparamos que te regalen un ramo de rosas con estar en un bosque. Pues claro que no, hombre. Tienen objetivos distintos y lo que se obtendrá de ellos no se puede comparar

(Nota: nunca me regalen flores).

Y me gusta el caldo hecho en casa. Y me gusta hacerlo, a veces. Porque otras veces no tengo tiempo, o no tengo ganas… o pienso en las ventajas que tienen los caldos envasados y tan ricos, oiga. Pero no todos son iguales, ni saben igual. Ni todo lo que es “agua con cosas” es un caldo. Para diferenciarlo, debemos mirar con mucho ojo la lista de ingredientes. Ahora lo vemos.

Pero el caldo, ¿de qué está hecho?

Los caldos envasados tienen un proceso de elaboración muy parecido al que cocinamos en casa, pero a gran escala (y un chollazo para el Imperio).

Su elaboración es bastante simple: se cortan todos los ingredientes. No es como en la tele con las verduras y la carne enteras, tampoco tendría sentido que fuera así, es más fácil extraer los sabores y “sustancias” cuando está cortado en trozos pequeños.Que no, que no es así

Que no, que no es así.

Los ingredientes se colocan en unas cestas que encajarán dentro de la olla (pueden ser de 800 a 3000 litros) y se dejan cocer a alta temperatura durante unas 3 horas. En ese tiempo, los ingredientes se han cocido mucho, se ha extraído de ellos todo lo que podían dar, así cuando saquemos la cesta encontraremos algo parecido a una gran pasta que se retira.

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Vamos, que esto no está así de limpio ni de broma. Pero bueno, imaginen.

Posteriormente es necesario enfriar el caldo rápidamente y a continuación se homogeneiza y desengrasa. Se pasteuriza (es una grandísima e importante diferencia con el que hacemos en casa) y se envasa.

El proceso no tiene más. Ni menos.

Si no te apetece cocinar…

¿Qué ventajas tenemos frente al caldo hecho en casa? Una de la más grandes es la comodidad: abrir un brik y tenerlo disponible supone un ahorro en tiempo bastante importante. Y últimamente es algo que a muchos no nos sobra.

En cuanto al precio tenemos diferentes alternativas, aunque también diferentes calidades. Se pueden encontrar caldos desde 1 euro a casi 4 euros, dependiendo de la variedad e ingredientes. No supera demasiado a lo que costaría comprar los ingredientes y hacerlo en casa.

Este tipo de producto puede conseguir que se utilicen menos las típicas “sopas de sobre” que no aportan nada saludable. Estas mezclas deshidratadas sí tienen grandes cantidades de sal.

El proceso de pasteurización al que es sometido asegura que el caldo se va a mantener en perfectas condiciones durante el período de consumo estipulado. Ese beneficio no lo tenemos en casa, ya que si no enfriamos correctamente el caldo o lo acumulamos demasiado tiempo puede fermentar y no estar en las condiciones adecuadas para consumirlo. Con este producto tendremos caldo disponible en nuestro armario (que sí, que ocupa un poco de hueco) en el momento que queramos.

Rico, pero ¿saludable?

Gracias a la información nutricional disponible en el envase podemos analizar los ingredientes que, dependiendo de las necesidades, tenemos que controlar. Por ejemplo, la cantidad de grasa o sal (la primera es muy baja, la segunda más alta, pero, atentos, tienen tanta sal como algunas clases de jamón cocido que tanto se recomienda -en fin- en algunas dietas). Esto es otra de las ventajas frente al caldo hecho en casa. Muchas veces creemos que hacer un caldo es muy sano, pero luego le ponemos jamón, tocino o ingredientes que engrasarán y salarán el caldo más de la cuenta. Con estos caldos no tendremos problemas, podemos conocer exactamente el perfil nutricional de lo que estamos comiendo. (ojo que habrá que tener en cuenta lo que luego hacemos con el caldo, ¿eh? Que si usamos un bajo en grasa para hacer unos callos con garbanzos… pues eso).

Pero no todos los caldos son iguales, por eso es necesario diferenciarlos y para ello no nos queda otra opción que leer las etiquetas.

Vaya, interesantes proporciones
Vaya, interesantes proporciones
Meh, ni tan mal
Meh, ni tan mal
Caldo con cosas
Caldo con cosas

En estos tres ejemplos tenemos un caldo en el que las proporciones de pescado y marisco son importantes. Como ven, en el otro, las cantidades son menores (aunque puede seguir siendo un buen producto). En cambio, en la última imagen, sólo tenemos un 0,5% de pescado y 2% de marisco. Pero, al loro (truco del Imperio), eso es dentro del ingrediente “caldo de pescado” (es decir, son porcentajes aún menores dentro del producto completo). A este le añadimos almidón (lo que leen como fécula de maíz), lo utilizamos como espesante. Es lógico, prácticamente todo es agua, algo tenemos que hacer para que parezca que tiene sustancia.

Están en el mismo brik, colocados al lado, a un precio más bajo, pero uno es un caldo y el otro es agua con cosas.

En cuanto a los componentes nutricionales:

Una ventaja es poder saber los componentes nutricionales
Una ventaja es poder saber los componentes nutricionales

Como se ve, tiene muy pocas calorías, la cantidad de grasa es baja y se podría pensar que la de sal es más alta, pero si la comparamos con otros productos del mercado no es motivo de exclusión. Es aproximadamente un 35% de la ingesta recomendada para un adulto al día. Ojo, que no es motivo de exclusión, pero deben darse cuenta de que esos valores son para 100ml y 250 ml ¡Un vaso de caldo! Siempre les queda la opción del bajo en sal.

Este caldo también puede congelarse si no se va a consumir, porque, una vez abierto no debería estar más de 4 días en la nevera. En congelación se puede alargar la vida un mes más.

El caldo envasado es un producto a tener en cuenta en nuestras casas, con importantes ventajas, pero eso sí, no todos los caldos son iguales. Si no comprobamos el etiquetado, el “caldo casero” se convierte en agua, almidón y “cosas”.

La denominación “casero” es una de las grandes batallas de los consumidores con la industria alimentaria. La normativa es un churro y por eso nos encontramos con las palabras “casero” “artesano” o “natural” en infinidad de productos.

Es un reclamo para usted, intentando hacerle ver que el producto está “hecho en casa” cuando en realidad no es así. Mi pregunta es ¿y qué más da? El producto es sano, correcto, se ha elaborado con ingredientes apropiados, ¿tanto miedo da decir que se ha hecho en una olla de tres mil litros? Es algo que desde la industria tenemos que revisar. Le hemos dicho tantas veces que lo “casero” es mejor, que ahora no nos cree cuando le decimos que esto, que no lo es, es bueno. Cuando usted sabe elegir y tiene la información, no necesita que en el envase ponga “casero”, querrá que el caldo que compra sea el que más encaja con lo que necesita.

Así que, si en su casa se le va la olla…

caldo 7

…ya tiene la información, en su mano está la decisión. Gemma

21-1

Verán, nos encontramos esta noticia hace un par de días. AECOSAN emitió una alerta por la intoxicación alimentaria provocada por el consumo de mejillón en un hotel en la comunidad valenciana. Esto ocurrió la pasada Semana Santa y han ampliado la alerta. En lo que se identifica en origen, se analiza el tipo de microorganismo y se informa a la población, se tarda un tiempo. Por suerte, el alimento ya está identificado, el lote bloqueado y la población informada (si tienen el producto en su casa, no lo consuman).

Etiqueta: Mejillón media concha súper

Lote: 010DOP-18

Fecha consumo preferente: 1/2020

Fecha fabricación: 19/01/18

Los mejillones estaban cocidos y congelados. Pero no piensen que la congelación evita la contaminación. La congelación sólo “retiene” lo que haya ocurrido anteriormente. No es un tratamiento que asegure la inocuidad del producto, sino únicamente es un método de conservación.

Mejillón media concha
Mejillón media concha

Es tarea de la empresa identificar qué ha ocurrido en este caso. La contaminación puede haberse producido en varios puntos:

  • Durante el proceso de cocción del mejillón, puede no haberse cocido a suficiente temperatura como para eliminar todos los microorganismos. Algunos quedarán allí y aprovecharán el momento.
  • Durante el proceso de congelación: si no se ha congelado correctamente. La congelación, cuanto más rápida sea, mejor. Recuerden que el agua, un poquito de calor y algo de materia orgánica es lo único que necesitan los bichitos para venirse arriba. Nunca hay que dejar restos de agua acumulada.
  • Durante el proceso de descongelación: si descongelamos a temperatura ambiente, en agua caliente estancada (en un barreño, por ejemplo), se puede favorecer el desarrollo de microorganismos.
  • Y no olvidemos una posibilidad transversal: las prácticas higiénicas por parte de los manipuladores de alimentos y entre la propia población.

¿Por qué les digo esta última? Y ¿por qué transversal? Sigan conmigo que ahora lo vemos.

El virus que han encontrado en el producto es un norovirus, se lo presento:

Norovirus-ustedes. Ustedes-norovirus
Norovirus-ustedes. Ustedes-norovirus.

Ahora que ya le conocen oficialmente, les diré que ellos a ustedes ya les conocían. Sobre todo los genotipos I, II y IV que son los que afectan a humanos (I y II son los que se encontraron en los mejillones).

El norovirus es la causa más frecuente en adultos de una intoxicación vírica (en niños suele ser rotavirus. Y hay vacuna, ahí lo dejo) a la que solemos llamar gastroenteritis. Lo mismo así les suena más familiar. Es la inflamación de estómago e intestinos que reconocemos por estos síntomas:

  • Diarrea
  • Náuseas y vómitos
  • Dolor de estómago

Esta toxiinfección suele tener origen en el agua, pero también en moluscos, ensaladas y comidas que conlleven manipulación. Además, también superficies que hayan estado en contacto con alimentos contaminados o de unas personas a otras.

Imagen: mejor con salud
Imagen: mejor con salud

Estoy segura de que con esta última frase ya saben por qué hablaba de las buenas prácticas de higiene de los manipuladores alimentarios. Y las que debemos tener entre nosotros mismos, no lo olviden.

Esto significa que una de las vías de transmisión de norovirus es la fecal-oral. Que da mucho asco leerlo, pero parece que se nos olvida pronto. Estamos eliminando virus por las heces y vómitos. Si nuestras prácticas de higiene no son escrupulosas, estaremos dando vía libre a nuestro queridísimo norovirus. Este bicho resiste en superficies y muy poca cantidad de partículas son suficientes para provocar infección. Así que imagínense.

Si no se lavan las manos, si tocan algo antes de hacerlo, si no limpian la zona donde haya podido estar en contacto con el virus, el responsable de la transmisión de la infección será usted. Y cuidado, unas horas antes del inicio de los síntomas, algunos días después y aunque no haya diarrea, pueden seguir eliminando virus. Así que, con esto, lo mejor es que las prácticas de lavado de manos y limpieza de superficies sean cada día las mejores. No sabemos dónde puede estar nuestro colega.

¿Y si ya se ha infectado?

Bueno, la enfermedad de suele desarrollar como máximo en 72 horas (eso es una suerte, porque haciendo un esfuerzo se puede relacionar con lo que han comido) y dura como máximo 2 o 3 días (pero qué dos días, ¿eh?).

Salvo en población con enfermedades asociadas o sistema inmune debilitado, no suele dar mayor problema.

En su (lavado de) mano está evitar ir al baño"juntitos"
En su (lavado de) mano está evitar ir al baño”juntitos”

Como todo en el Imperio, es fundamental la prevención, las buenas prácticas de manipulación y la concienciación sobre la higiene. Debemos poner especial cuidado en cada punto del proceso, analizando agua y alimentos para evitar que llegue a usted.

¿Y en nuestra casa? ¿Qué podemos hacer?

  • Lavado de manos: es fundamental, con agua y jabón. Concienzudamente después de ir al baño y antes de comer o manipular alimentos.
  • En la preparación de alimentos: lave bien las frutas y verduras. Cocine a la temperatura correcta el marisco. Si está enfermo, no prepare alimentos.
  • Atento a las superficies: en la cocina y en el baño. Limpie y desinfecte lo que haya podido estar en contacto con alimentos o con personas enfermas.
  • No se olvide de la ropa: la ropa de cama de las personas enfermas también puede estar contaminada, así que ya sabe, a la lavadora a alta temperatura.

¡Ah! Y como ha leído ya, es un virus. No hay antibiótico posible para tratarlo. Reposición de líquidos evitando la deshidratación y reposo es la clave.

Ahora ya tiene la información, en su mano está la decisión (o la transmisión).

Gemma

Verán, saben que podemos declarar en el envase toda la información voluntaria que queramos. Normalmente lo que hacemos es poner detalles que nos benefician o diferencian de la competencia. Evidente, ¿no? Pues aquí solemos liarla porque “voluntario” no es: “como lo pongo porque quiero, lo hago como me apetece”. Esa información debe cumplir ciertos requisitos:

  • no inducirá a error al consumidor
  • no será ambigua ni confusa para los consumidores
  • se basará, según proceda, en los datos científicos pertinentes.

Pues… esto viene en el artículo 36 de mi querido RD 1169/2011. Si nos ponemos “interpretativos” en el tema, la mitad de las etiquetas estarían mal (¡Uy la mitad!).

Sobre el párrafo anterior yo no les he dicho nada y negaré haberlo hecho, ¿estamos?

Seguimos, en el siguiente apartado, el artículo 36 dice que “la Comisión adoptará actos de ejecución sobre la aplicación de los requisitos anteriores a la siguiente información”:

  • información sobre la posible presencia no intencionada de sustancias que causen alergias o intolerancias.
  • Información relativa a si un alimento es apto para vegetarianos o veganos.
  • Indicaringestas de referencia para uno o varios grupos de población específicos.

¿Qué significa que “adoptará actos de ejecución“? Lo dicen raro, pero vamos, es que puede actualizar la normativa según evolucione el sector. En este caso, el alimentario.

Y eso ha hecho con el tema del etiquetado preventivo en el tema de alérgenos.

Algunas empresas han recibido un acta de infracción por poner en su etiquetado precautorio “Puede contener gluten” o “Puede contener frutos secos” sin especificar el cereal o el fruto seco. Así que FIAB ha realizado una consulta a la Subdirección General de Promoción de la Seguridad Alimentaria de AECOSAN.

Parece que ya no podrá etiquetarse así.

Parece que ya no podrá etiquetarse solo así.
Parece que ya no podrá etiquetarse solo así

La respuesta hará que se cambie el etiquetado de muchos productos, atentos:

“En el caso de que los cereales contengan gluten o los ingredientes se produzcan a partir de ellos: deben declararse con una denominación que haga referencia clara al tipo específico del cereal”

Esto significa que no se puede poner en un etiquetado precautorio “Puede contener gluten”, la forma correcta de hacerlo es

“Puede contener trigo (gluten)” o

“Puede contener trigo (contiene gluten)”

Ojo, estamos hablando del etiquetado precautorio, no lo olviden. No es lo mismo decir “puede contener” que “contiene”, en ese caso ya está especificado de qué cereal es en la lista de ingredientes. Como aquí:

Ya informamos en la lista de ingredientes que es trigo

Se informa arriba que es de trigo.

No es un problema mayor, no es necesario retirar los envases y cambiarlos por otros. Se irá poco a poco agotando los stocks de los envases, actualizando a la nueva situación.

Ahora ya tienen la información, en su mano está la deci…ir a buscar alguna etiqueta que lo haya cambiado ya. ¡Y nos lo cuentan!

Gemma

PD: aquí les dejo el enlace que me envía FIAB sobre el etiquetado precautorio de alérgenos.