Y tan contentos

Verán, en el Episodio 3 hablábamos de los neimoidianos y sus centros de venta, que a partir de ahora les llamaremos en clave «supermercados», así no sabrán que hablamos de ellos. Ya les digo que nos vigilan y no queremos que se enfaden…

Ojos neimoidianos buscando algún punto débil

Durante mucho tiempo, estos comerciantes se basaban en la legislación que regula al Imperio y de sus sistemas de seguridad (por ejemplo el APPCC… un modelo de gestión en el que analizamos de forma sistemática los peligros que pueden ocurrir, se lo contaré más despacio en otro Episodio) pero recuerden, como buenos mercenarios, ponemos su nombre en los productos que hacemos y a partir de ahí… la cara la ponen ellos. Y es normal que se preocupen. Como la legislación no les parecía suficiente, que lo es, pero es que son unos desconfiados… decidieron enviar soldados a nuestras sedes, cada cierto tiempo se presentaban allí con su cara verde de pocos amigos a comprobar que lo que hacíamos, lo hacíamos bien.

Usted me dirá, como para no tenerle miedo

Pues bien, esto era un verdadero tostón para ellos (y para nosotros) porque gastaban más soldados vigilando que peleando y encima cada uno a su modo, así que decidieron hacer lo más inteligente que se puede hacer: unirse.

Alemanes, franceses e italianos (pero todos neimoidianos) concretaron una norma de calidad y seguridad alimentaria con un criterio uniforme que afectara a toda la cadena alimentaria (menos producción primaria, que esos tienen otra). Así tendrían un estándar con el que vigilarnos a todos. IFS lo llamaron (International Featured Standards) mira si son chulos que llamaron International a algo que habían hecho 3.

Claro, los neimoidianos del resto de planetas se unieron, menos los del planeta británico, que crearon su propia norma (lo del Brexit llegó antes en alimentación ) y si no tienes la de su planeta, olvídate de exportar allí. BRC la llamaron.

No verán esto en ningún sitio, no nos dejan enseñarles que lo tenemos, es sólo para verlo entre ellos.

Comenzó IFS como una entidad sin ánimo de lucro y se nutre de la venta de sus normas (una pasta gansa) y de lo que cobran a otros (entidades certificadoras) por venir a nuestras sedes a vigilarnos. Vamos, que pagamos para que nos evalúen. Y nos mola.

Nosotros tan contentos, estas normas están pensadas para tener una garantía de seguridad en los productos (si las cumples bien) consiguiendo alimentos seguros (independientemente de sanos).

Nos vigilan una vez al año, y si cumples estás en la lista de mercenarios aprobados. Y si no cumples … ¡ay de ti! avisarán al resto de (shhhhh palabra clave) «supermercados» y dejarás de ser importante para ellos. Porque son neimoidianos, no tontos.

Pese a que nos ponemos nerviosos una vez al año nos vienen muy bien estas normas. Evalúan la calidad, la seguridad alimentaria… y hasta el I+D, garantizando que tanto lo que creamos como lo que hacemos cumple con todos los requisitos. Nos guste más o no, garantiza la seguridad del Imperio.

Entre las cosas que nos exigen está demostrar que sabemos proteger la «estrella de la muerte», que ya vieron cómo varias veces la resistencia acabó con ella. Pero eso ya será en el Episodio 5.

¿Se creían que todo lo que es microscópico son bichitos? ¡Qué va! En la industria alimentaria (y en su cocina), tenemos unas pequeñas amigas que no vemos, pero que pueden hacer mucho daño si usted tiene alergia: las trazas de alérgenos. A veces, lo que no vemos SÍ existe.

Habrán leído en algunas etiquetas «contiene leche» o «puede contener trazas de crustáceos». ¿Es lo mismo? Sí, ambos son alérgenos y no debe tomarlo si tiene alergia a ese producto. ¿Significa lo mismo? NO. Veamos.

Si se nos cruza y no lo decimos, estaremos en problemas

Entre las cosas que nos traen de cabeza a la Industria Alimentaria tenemos una que es crítica para su salud si es alérgico: la Contaminación Cruzada. Este términolo utilizamospara referirnos a encontrar un alérgeno en nuestro alimento cuando en realidad no debería estar ahí. Se nos ha «colado».

Pero antes de cruzarlos, veamos cuáles son.

En la Unión Europea están regulados 14 alimentos considerados alérgenos de declaración obligatoria:

En los restaurantes estamos viendo esto, pero ¿qué implica?

¿Qué es un alérgeno? Algo tan sencillo (y tan peligroso) como cualquier sustancia que pueda provocar una reacción alérgica. No sólo existen estos 14, la sensibilidad a sustancias es diferente por persona, pero estos sí son de declaración obligatoria en el etiquetado de alimentos, y ahora también en los centros que preparan comida no envasada, de ahí que lo vea en los restaurantes, comedores escolares… (que deberían tener en cuenta la contaminación cruzada de la que vamos a hablar).

El tipo de reacción después del contacto con el alérgeno varía mucho de una persona a otra dependiendo del grado de sensibilidad que tenga. No debemos confundirla con una intolerancia alimentaria. Otro día les cuento la diferencia, que tiene su miga, pero a grandes rasgos: la primera suele ocurrir al momento como respuesta del sistema inmune, puede ir desde un enrojecimiento de la piel hasta una inflamación brutal con resultado fatal para la persona. Los síntomas en la intolerancia suelen aparecer más lentamente y la respuesta se centra en problemas digestivos. En la intolerancia no interfiere el sistema inmune, salvo en el gluten, ahí sí.

¿Por qué son 14?

Estas sustancias han sido identificadas por la Unión Europea como causantes de la mayoría de alergias alimentarias en Europa, se recogen en el Anexo II del RIAC, que es uno de mis mejores amigos (Reglamento 1169/2011 sobre la Información Alimentaria facilitada al Consumidor). No sé vivir sin él. Motivo y justificación de todos los etiquetados.

No en todo el mundo los alérgenos declarados obligatoriamente son los mismos, por ejemplo en USA son 8:leche, huevos, pescado, mariscos crustáceos, frutos secos, maní, trigo, soja. Los sulfitos, por ejemplo, no son obligatorios, pero ¡ay de ti como a alguien le dé alergia y te demanden! (así que suelen curarse en salud y los etiquetan).

Tenemos que identificar todo ingrediente o coadyuvante que cause alergias o intolerancias y se utilice en la fabricación o elaboración de un alimento y siga estando presente en el producto acabado, aunque sea de una forma modificada (indicándolo con la palabra «contiene»). Y no de cualquier manera, sino como lo he puesto arriba: destacado a través de una tipografía que lo distinga del resto del listado de ingredientes. Está admitido en negrita, en mayúsculas, como sea, pero que se distinga de los demás.

Adivinen el alérgeno de un vistazo. Ese es el objetivo.

Estamos viendo una tendencia a nuevas alergias en legumbres, verduras, frutas, incluso especias (que en cantidad menor al 2% en el producto no tenemos que declarar salvo que tengan estos alérgenos), o incluso algunos aromas y aditivos. De momento no se declaran como tal, aunque seguro que se irá actualizando con el tiempo.

En AECOSAN pueden encontrar un listado de alertas alimentarias actualizado, imaginen la importancia de que se nos cruce el alérgeno.

http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/web/seguridad_alimentaria/alertas_alimentarias/listado/aecosan_listado_alertas_alimentarias.htm

En la Industria Alimentaria (y en la cocina de su casa) podemos pensar que tenemos a los alérgenos controlados sólo con no añadir ese alimento al producto final, pero nada más lejos de la realidad, recuerden que no tenemos que ver algo para que exista.

Con frecuencia, en una planta de fabricación, no les digo ya en un restaurante o en nuestra casa, cocinamos más de un producto a la vez. Es algo lógico, y absolutamente necesario para la productividad de los diferentes centros. Sería gracioso que de primero pidiera ensalada con nueces y su acompañante ensalada con salmón y no pudieran servirlas a la vez.

Ponemos todo el cuidado del mundo en no añadir cacahuetes a la pasta, ni gambas a la ensalada si tenemos un alérgico a esos alimentos, pero eso no significa que en los lugares más insospechados puedan encontrarse algunas pequeñas invasoras. Esto puede ocurrir por tener los alimentos cerca, manejar los mismos utensilios sin lavarlos, cocinar en las mismas cazuelas, incluso con la misma ropa o limpiando con el mismo trapo… y así se incorporan al producto nuestras amigas invisibles: las trazas. En realidad son una cantidad minúscula de la sustancia en cuestión. Dependiendo de la sensibilidad de cada uno, las trazas pueden ser suficientes para desencadenar episodios alérgicos. No existe un umbral mínimo así que hay que declararlo siempre que pueda existir la más mínima posibilidad. No podemos arriesgarnos a que ocurra una contaminación cruzada y nos encontremos trazas de leche en una empanadilla, que no se declare y eso le suponga un perjuicio al consumidor.

Aquí una imagen clara de trazas.¿No las ven? Yo tampoco, pero están ahí, se lo aseguro

En un restaurante vemos dibujos de alérgenos al lado del texto en el menú, éstos se refieren a los ingredientes del plato. Para garantizar que sólo hay esos y no otros, deben tener en cuenta que existe la contaminación cruzada y deberían tener un plan para evitarla. Ahora que ya saben lo que es, no tienen excusa.

En la Industria Alimentaria tenemos diferentes estrategias si elaboramos varios productos con alérgenos. Esto no empieza en la producción, sino en los almacenes, donde ya identificamos y separamos los productos que contienen alérgenos para que nuestras nuevas conocidas no salten de un sitio a otro.

Durante la producción podemos:

  • Seguir un orden: de menor a mayor cantidad de alérgenos, comenzando a realizar el producto que no tiene ninguno e ir programando hasta terminar por el que tenga incluidos los anteriores. (Ríase usted de cuadrar la planilla de vacaciones con sus compañeros de oficina, esto sí que es un trabajo de chinos).
  • Realizar una limpieza exhaustiva entre un producto y otro. Esto suele retrasar las producciones pero en muchas ocasiones es imprescindible. Este es uno de los motivos por los que los productos sin gluten que se fabrican en plantas que sí lo tienen, son más caros. La planta de fabricación tiene que cerrar un día entero para limpiar todo de manera que garantice que no quedan ni siquiera trazas, elaboran el producto al siguiente día y vuelven a cerrar otro día más para limpiar de nuevo. Esos costes de dos días sin fabricar se pueden ver reflejados en el precio del producto. Eso si, está garantizado que ese producto contiene menos de 20 ppm (mg/kg) de gluten (o de 10 ppm si está Controlado por FACE).

http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/web/seguridad_alimentaria/alertas_alimentarias/listado/aecosan_listado_alertas_alimentarias.htm

  • Añadir en el etiquetado todos los alérgenos presentes en la planta, unos en trazas y otros directamente como ingrediente, así, si se nos cruza el cable con los productos, garantizamos su seguridad a la hora de consumirlo. Por eso a veces lee una etiqueta de pollo y pone «puede contener trazas de crustáceos», quizá simplemente es que en la misma planta tienen gambas, pero no se arriesgan a que unas pequeñas tracitas invisibles, pasen al producto y que usted no lo sepa. Esto es arriesgado, si ningún alérgico compra nuestros productos… ¿Se acuerdan del objetivo de la Industria Alimentaria? Pues eso. Esto lo han utilizado muchos restaurantes para poner carteles como «No podemos garantizar alimentos libres de alérgenos», es una excusa para no realizar un plan para evitar la contaminación cruzada, pero allá ellos, perderán un sector de clientes numeroso.
  • Realizar un control exquisito de ropa, maquinaria, salas específicas de producción, utensilios únicos por producto y vestuario diferente por zona y por producto. Limpieza impecable y esfuerzo e implicación por parte de todos los trabajadores. Esto conlleva una inversión importante, pero garantizar que no va a contener ni siquiera trazas de un alérgeno que no declaramos es importante.

Estos métodos estrictos en la Industria Alimentaria se pueden combinar y aplicar a otro nivel tanto en los centros de elaboración de productos sin envasar como en su propia cocina. La mejor actuación como siempre, es la prevención y la implicación del personal:

  • Almacene en diferentes zonas.
  • Separe productos alérgenos del resto cuando cocine.
  • Limpie con exquisito cuidado los utensilios antes y después de tratar con un alérgeno (puede, por ejemplo, tener cuchillos específicos de distintos colores para asegurarse).
  • Identifique correctamente tanto utensilios como productos para que de un vistazo el alérgeno quede a la vista.

Aunque usted no los vea, están ahí. Ya no les tengo que decir lo importante que puede llegar a ser que se le cruce el alérgeno.

De las marcas blancas

Verán, cuando trabajas para el Imperio puedes fabricar para ti mismo (en tu marca propia) o hacerlo para lo que llamamos «marcas blancas». Se trata de productos solicitados normalmente por Neimoidianos de grandes superficies, inteligentes comerciantes pero que odian la pelea tanto como aman la pela, así que es fácil que se dejen influir por las «novedades» de la sociedad. Hace unos años, algunos se unieron en la Federación de Comercio, fundada en el año 350 ABY (ya les contaré lo que hicieron).

Neimoidiano, pero ya le conocen, todos hemos ido a sus establecimientos

Por supuesto, antes de decidir qué quiere un Neimoidiano, éste habrá hecho un amplio estudio de mercado donde personas como usted habrán probado y aceptado lo que luego ellos venderán… adivinen quién lo comprará. Técnicamente es usted quien elige el requisito de la marca blanca. ¡No me vaya a decir que es mala!

Como sede del Imperio interesan y mucho este tipo de productos porque aportan pedidos regulares, lo cual ayuda a la gestión (que la Estrella de La Muerte no se construye sola), y porque la distribución en el mercado es amplia.

En este caso los soldados nos convertimos en mercenarios, fabricamos un producto con las características que nos piden. Y ojito con moverse de ahí.

Aún hoy se oye por ahí que las marcas blancas son peores que las marcas propias. Hoy les cuento que desde nuestras sedes Imperiales se elaboran ambos productos exactamente igual con dos cuestiones a tener en cuenta:

  • Fabricamos en marca blanca lo que exige el Neimoidiano. Ya les dije que ellos tienen en cuenta su mercado, el coste, el producto y a quién va dirigido. Con estas premisas nos indican el tipo de «arma» que debemos elaborar.
  • Las exigencias de calidad de sus productos son exquisitas, por no decir asfixiantes. Es más que evidente que nadie querría tener en su marca un producto con algún fallo de seguridad alimentaria. ¡Imagínense qué imagen para el centro!

En algunas ocasiones, «recomiendan» que si quieres trabajar con ellos debes tener las dos marcas en su centro, la de marca blanca y la propia. Como les he contado antes, les importan mucho los estudios de mercado y qué mejor que hacerlo con alguien que hasta utiliza las mismas materias primas. Control absoluto para grandes y fructíferas comparativas.

Con todo esto nos convertimos en «mercenarios» de Neimoidianos. Sí, señores, nos vendemos por fabricarles a ellos (no les tengo que recordar de nuevo el objetivo del Imperio)

Entiéndanos

ni que el producto que hacemos no cumpla con los mejores estándares de calidad, ni que pongamos todo nuestro empeño en que salga mejor que bien, simplemente no podemos elegir.

Eso sí, tenga por seguro que la Federación de Comercio envía evaluadores para confirmar que todos los pertenecientes al Imperio estamos perfectamente entrenados para fabricar SUS «armas» según nos han pedido.

Evaluador Neimoidiano

Pero eso ya se lo contaré en el Episodio 4

Una peli de terror

Rogue One será una serie de comentarios relacionados con la Industria Alimentaria, pero no desde el lado oscuro. Aquí no habrá buenos ni malos, sólo información que le pueda ser útil para saber más.

Todo lo que ocurre en la Industria Alimentaria puede ocurrir también en su casa, pero es evidente que a otro nivel. Hoy hablaremos de una cosa curiosa que nos trae de cabeza y seguro que alguna vez se ha encontrado con ella, aunque no lo sabía: los biofilms.

¿Se han encontrado alguna vez con esa bayeta asquerosita que al tocarla está como resbaladiza, y por más que la lava no se quita? Enhorabuena (o no) se ha creado un biofilm. No es más (ni menos) que una agrupación de microorganismos sobre una superficie a la que colonizan.

No lo ve, pero hay toda una sociedad ahí montada

Para usted tiene un fácil arreglo, ¡TÍRELA! En la industria… es un poco más complicado.

Verán, a las bacterias no les gusta vivir solitas, prefieren la juerga de las comunidades por eso se reproducen muy rápido (y así se adaptan fácilmente al medio) y se unen unas a otras.

Nuestras amigas van por ahí con su flagelo (se les llama planctónicas) moviéndose tan campantes por donde quieren pero, como todos, buscan estabilizarse. Llegar a una superficie interesante, donde ven un futuro… allí dejan su flagelo y se asientan (no son adorables ¡tan maduras ellas!). Y la sociedad ya saben a lo que les lleva, a dividirse, y les aseguro que lo hacen con ganas.

Imagen ampliada E.coli y sus flagelos. (La hemos hecho más amigable con los ojos, pero es un bicho malo pero malo)

Aquí nuestras amigas empiezan a producir una sustancia (a base de exopolisacáridos, proteínas, etc ) que consigue que estén agrupadas, creando una zona donde encontrarse a salvo. Cuando se ha formado esta estructura, ¡ya no hay quien las mueva de ahí! En esa matriz de polisacáridos incluso se forman túneles para que el agua y el alimento puedan circular y aseguren la supervivencia (lo tienen todo pensado,sus zonas preferidas son las húmedas).

Formación de la “ciudad” del biofilm

Pero no acaba todo ahí, no sólo que no les gusta estar solitas sino que les parece divertido que bacterias de otras especies se unan a la fiesta, incluso con cierta jerarquía,se ordenan según sus necesidades. Vamos, que se han montado una sociedad en un pis pas. Dicen por ahí que alguna vez alguien les vio votar.

Las bacterias en contacto con la superficie donde se haya formado el biofilm puede que tengan, por ejemplo, manía al oxígeno (anaerobias) les suenan bichos malos como Listeria, Salmonella (bueno, estas son tan malas que les va igual aire que no)…E. coli…?), así que llaman a sus colegas que lo toleran mejor para que se pongan encima y las protejan. Así, podemos encontrar en un biofilm varias capas estratificadas de diferentes tipos de bacterias, convirtiendo la zona en un cuartel microbiológico donde se protegen unas a otras. Normalmente sacrificando a los estratos superiores.

Necesitaremos un Obelix que pueda con ello

Vaya, vaya a tirar la bayeta si aún no lo ha hecho, espero, venga.

¿Ya? Seguimos.

Entre ellas se comunican (a ver si usted va a tener Internet y se creía que las bacterias que llevan miles de millones de años aquí, no lo iban a hacer). A su forma de comunicación la llamamos Quorum sensing.

Se trata de señales químicas que son capaces de emitir y el resto capaz de recibir. Esto es importante porque puede ser uno de los métodos para eliminarlos, si conseguimos que se separen lo suficiente como para que no se “oigan”… acabarán por desaparecer. Recuerden que les gusta vivir en sociedad.

Son capaces de avisarse de si a las bacterias de abajo les está llegando demasiado oxígeno y necesitan más estructura, o (aún no está claro cómo) decidir que es el momento de colonizar otra zona. Se activan mecanismos de corte y unas pocas independientes se van a otro sitio a crear su propia sociedad.

Nos parecemos más a las bacterias de lo que creemos, ¿eh? En el fondo, la mitad de nuestro cuerpo son bacterias.

En la Industria Alimentaria un biofilm supone problemas muy serios, ya les conté que una vez que se asientan es prácticamente imposible eliminarlos. Es causa de problemas económicos (implicaría incluso el cambio de maquinaria), por no hablar de los sanitarios, imagínese lo que puede esconderse en esa «sociedad»…La mejor solución, como todo en lo que se basa la Industria de la alimentación, es la prevención.

Tenemos que evitar a toda costa que puedan formar esa matriz con una limpieza y desinfección apropiadas, pero no podemos olvidar el diseño de las instalaciones, es básico que se eviten los recodos y zonas de acumulación de agua.

Es una larga pelea, en la que ellos y nosotros luchamos por sobrevivir, día a día. Ellos no se cansan, pero nosotros tampoco.

Gracias a la investigación y esfuerzo, de momento, ganamos nosotros.

pero me gusta el lado oscuro

Verán, cuando comenzamos con el diseño de un producto valoramos muchos aspectos, materia prima (esto me da para algún post, pero esperaré a que se les pase el susto de la grasa de palma), coste, maquinaria, necesidades de producción… en fin, si hacerlo es viable. Porque así es ser malo, no nos ponemos a hacer el mal si no vamos a sacar algún beneficio.

En nuestro terrible odio a La Luz queremos un producto aceptado por la sociedad (vamos, que lo compren ustedes a manos llenas) y a un bajo coste (para nosotros, si puede ser) y así poder seguir fabricando nuevos productos y que ustedes se lo coman en un ciclo sin fin.

Aquí es cuando llega mi frase favorita de los Jedi cuando luchan contra el lado oscuro: todo el Imperio les miente.

Óiganme, frases tan categóricas dañan el corazoncito de algunos soldados del Imperio, que es negro y pequeño, pero ahí está.

Radiografía de mi corazón cuando oigo que TODOS engañamos

Si han leído más arriba cuál es el objetivo del Imperio, entenderán que estas frases tan abrumadoras no tienen sentido. Lo que queremos es que vengan al lado oscuro, si les engañamos y pierden su confianza en nosotros, dejarán de comprarnos y el lado oscuro se irá haciendo gris hasta que desaparezca. Y ya les confirmo por si no lo habían pensado aún: los soldados del Imperio no queremos eso.

Es cierto que se utiliza el Marketing para confundir (en casos concretos, deformar una realidad) siendo la víctima el consumidor. No pienso justificar a quien hace eso. Eso si, debajo de ese Marketing estamos muchos soldados priorizando que el producto que sale al mercado sea sano (entendiendo que aporte nutrientes) y seguro (que no es lo mismo aunque le intenten decir que sí). Igual que en todas las profesiones podemos encontrar personas con y sin ética (ya si eso les comento luego lo de vender homeopatía y tal, pero eso no significa que no pueda usted fiarse de todos los farmacéuticos, sino saber diferenciar). Con el Imperio también pasa, es responsabilidad del Imperio dar la información correcta y la mía decirle que el listado de ingredientes está más que legislado, así como contarle cómo leerlo para que se venga al lado oscuro y no nos tenga miedo.

En el Imperio tenemos unas estrictas Normas (de las que nos «aconsejan» certificarnos – en el Episodio 3 empezarán a ver por qué y por quién) que nos hacen demostrar lo veraces y seguras que hacemos las cosas. Es nuestro deber garantizar que cuando salimos a la batalla, TODO lo que decimos tiene una base en el momento en el que lo decimos. Como en todos los temas científicos (y la alimentación lo es), la actualización diaria hace que investigaciones que en otros momentos parecían correctas, con nuevos estudios y diferentes técnicas puedan ser revisadas y corregidas.

Estas Normas que les cuento, no sólo garantizan que el producto es seguro (a lo que le dan mucha importancia, es evidente, cuestión de prioridades) sino que estamos cumpliendo la legislación en el etiquetado que declaramos.

Les aseguro que si un soldado miente conscientemente, tanto como para dañar a la sede del Imperio, se descubrirá en una de esas intensas auditorías y no se habrán puesto los soles de Tatooine antes de que esté entregando la placa y soltando el casco de Stormtrooper.

Vamos, que todo es cierto salvo algunas cosas. Pero aquí lo analizaremos.

De la Industria Alimentaria

Verán, llevo bastante tiempo leyendo, hablando y debatiendo sobre temas de alimentación. Hace unos años (quizá menos de los que habrían sido necesarios) que nos «empezamos a preocupar» por lo que comemos. Toda la información que he podido ver estos años se ha centrado en contarles a ustedes «la verdad» de lo que están comiendo, creo que es necesario que conozcan también lo que hacemos los del otro lado, los que trabajamos para El Imperio.

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Aquí se le ve a usted luchando contra la Industria Alimentaria (dramatización)

Hace muchos años que trabajo en la industria alimentaria, sí, habrán visto que soy farmacéutica (orgullosa defensora de mi profesión cuando se ejerce con ética) pero es que los farmacéuticos hacemos muchas cosas más que dispensar y practicar la atención farmacéutica en una oficina de farmacia (eso se lo cuento otro día, que hoy es el Episodio 1 y prefiero hablar de por qué una boticaria se atreve a hablar sobre Imperio).

Decidí especializarme en I+D y en industria, trabajé algún tiempo en calidad sanitaria y terminé realizando un Máster (en el que ahora imparto formación) en Innovación, Biotecnología y Seguridad Alimentaria, obteniendo certificaciones en auditoría de calidad alimentaria. Y sí, la innovación y la calidad van siempre unidas.

He trabajado años desarrollando productos, «inventando comida» (como me han dicho alguna vez) llegando con esos productos a todos los supermercados, restaurantes y cadenas de restauración de España, a día de hoy continúo asegurando la calidad de los productos de una de las sedes del Imperio.

A partir de hoy les iré contando algunas cosas sobre lo que hacen los que estamos al otro lado. No voy a contarles «la verdad», esa ya la saben. No les descubro nada si les digo que en todos los sitios hay quien se aprovecha de la falta de conocimiento en una materia para obtener un beneficio. Yo sólo quiero enseñarles el día a día de quien, con su criterio y pensando siempre en los que van a disfrutar comiendo lo que hace, se esfuerza (y lo demuestra) en dar lo mejor de sí mismo.

Confío en que esto les sirva para conseguir otro punto de vista entre lo que únicamente se ve de este Imperio y los que formamos parte de él.

No todos los malos son lo que parecen. Hoy no. Y se lo contaré.

Siempre encontraba algo allí. Lo recuerdo bien. Metía la mano y siempre había algo interesante y dejaba que mi imaginación corriera libre. Quizá no sabía lo que era o para qué me serviría en realidad, no importaba. No me preocupaba cómo había llegado allí, ni dónde iría después de haberlo utilizado. Solo sentía que en cuanto mi mano entraba allí, encontraría justo lo que iba a necesitar.

ELLA nunca fallaba.

Nunca había pensado el esfuerzo que suponía, del tiempo que llevaba verlo y ponerlo en el sitio exacto donde mi mano lo encontraría en el instante que yo lo buscara. No importaba los años que pasaran ni lo mayor que se estuviera haciendo, ELLA nunca fallaba. Esos escondites siempre estaban llenos para mí.

Intenté hacerlo igual. Mi mano ya no era pequeñita ni el bolsillo era el mismo, ni podía encontrar nada por más que buscara. Era necesario algo más que meter la mano, pero yo sólo tenía la conciencia de que lo que necesitaba iba a estar allí, como siempre lo había hecho con ELLA. Hacía falta encontrar algo que añadir, pero ¿qué podía ser? Nada de lo que metía me daba esa sensación de felicidad que sentía cuando no era el mío. Cómo añoraba ver que de ELLA siempre obtenía justo lo que necesitaba y cómo dolía no ser capaz de encontrarlo en mi propio bolsillo.

Pero llegó Él. Metió su pequeña manita, igual que yo lo había hecho antes. Sacó algo. Algo que ni siquiera yo sabía que estaba. Quizá había estado allí siempre. Quizá mi mano grande no era capaz de sacarlo. Y con la suya llegó como si estuviera hecho para ser encontrado sólo con una mano de ese preciso tamaño. Sus ojos eran los míos. Su brillante mirada me llevó a estar con ELLA de nuevo. A darme cuenta de lo que guardaba para mi. Todo encajó.

Sus dulces palabras «¡Justo lo Que Quería!» Hicieron brotar de mis bolsillos vacíos, secos, estériles, un mar de sensaciones que nunca pensé que podrían caber allí.

Su mano se hará grande, como lo hizo la mía. Algún día ya no entrará en esos huecos, pero confío en que no olvide esos momentos en los que su mirada ilusionada y su inquieta manita encontraba algo para Él. «Justo lo Que necesitaba», mi vida.