Episodio 4. Nos vigilan

Y tan contentos

Verán, en el Episodio 3 hablábamos de los neimoidianos y sus centros de venta, que a partir de ahora les llamaremos en clave «supermercados», así no sabrán que hablamos de ellos. Ya les digo que nos vigilan y no queremos que se enfaden…

Ojos neimoidianos buscando algún punto débil

Durante mucho tiempo, estos comerciantes se basaban en la legislación que regula al Imperio y de sus sistemas de seguridad (por ejemplo el APPCC… un modelo de gestión en el que analizamos de forma sistemática los peligros que pueden ocurrir, se lo contaré más despacio en otro Episodio) pero recuerden, como buenos mercenarios, ponemos su nombre en los productos que hacemos y a partir de ahí… la cara la ponen ellos. Y es normal que se preocupen. Como la legislación no les parecía suficiente, que lo es, pero es que son unos desconfiados… decidieron enviar soldados a nuestras sedes, cada cierto tiempo se presentaban allí con su cara verde de pocos amigos a comprobar que lo que hacíamos, lo hacíamos bien.

Usted me dirá, como para no tenerle miedo

Pues bien, esto era un verdadero tostón para ellos (y para nosotros) porque gastaban más soldados vigilando que peleando y encima cada uno a su modo, así que decidieron hacer lo más inteligente que se puede hacer: unirse.

Alemanes, franceses e italianos (pero todos neimoidianos) concretaron una norma de calidad y seguridad alimentaria con un criterio uniforme que afectara a toda la cadena alimentaria (menos producción primaria, que esos tienen otra). Así tendrían un estándar con el que vigilarnos a todos. IFS lo llamaron (International Featured Standards) mira si son chulos que llamaron International a algo que habían hecho 3.

Claro, los neimoidianos del resto de planetas se unieron, menos los del planeta británico, que crearon su propia norma (lo del Brexit llegó antes en alimentación ) y si no tienes la de su planeta, olvídate de exportar allí. BRC la llamaron.

No verán esto en ningún sitio, no nos dejan enseñarles que lo tenemos, es sólo para verlo entre ellos.

Comenzó IFS como una entidad sin ánimo de lucro y se nutre de la venta de sus normas (una pasta gansa) y de lo que cobran a otros (entidades certificadoras) por venir a nuestras sedes a vigilarnos. Vamos, que pagamos para que nos evalúen. Y nos mola.

Nosotros tan contentos, estas normas están pensadas para tener una garantía de seguridad en los productos (si las cumples bien) consiguiendo alimentos seguros (independientemente de sanos).

Nos vigilan una vez al año, y si cumples estás en la lista de mercenarios aprobados. Y si no cumples … ¡ay de ti! avisarán al resto de (shhhhh palabra clave) «supermercados» y dejarás de ser importante para ellos. Porque son neimoidianos, no tontos.

Pese a que nos ponemos nerviosos una vez al año nos vienen muy bien estas normas. Evalúan la calidad, la seguridad alimentaria… y hasta el I+D, garantizando que tanto lo que creamos como lo que hacemos cumple con todos los requisitos. Nos guste más o no, garantiza la seguridad del Imperio.

Entre las cosas que nos exigen está demostrar que sabemos proteger la «estrella de la muerte», que ya vieron cómo varias veces la resistencia acabó con ella. Pero eso ya será en el Episodio 5.

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