Verán, ayer el periódico “El Español” se equivocó de pleno publicando un artículo sensacionalista con información incorrecta, dosis brutales de miedo y absoluta quimiofobia respecto a las frutas y verduras. Lo que nos faltaba.

https://www.elespanol.com/ciencia/salud/20180531/mejores-peores-frutas-verduras-puedes-elegir-super/311469580_0.html

Les estaba contestando punto por punto a tanta barbaridad, pero he parado. Hoy no lo voy a escribir yo.

Hoy les contestan ustedes, porque sus comentarios han sido tan magníficos que merecen un recopilatorio de algunos de ellos. Por suerte, cada vez hay más gente que lee este tipo de “desinformación” y duda de su credibilidad.

Es una pena que a día de hoy tengamos que rebatir estas cosas. Vamos con las mentiras y verdades paso a paso.

Alguna verdad tenían que decir, ¿no?
Alguna verdad tenían que decir, ¿no?

Muy cierto, ningún comentario al respecto. Hay que comer fruta y verdura.1

Sí, hay que saber elegirlas, pero no por lo que dicen después sino porque la fruta de temporada es una gran opción y la de proximidad, también. Procuren elegir frutas y verduras no envasadas. Ojito con el BIO y ECO que es lo que más envasado suele estar.

Bueno, vamos con el primer párrafo que es más falso que pagar manzanas con un billete de 6 euros y lo que opinan ustedes del asunto.

3.1

Contesta Alex:

3

Muy cierto, el tomate está mejor fuera que dentro de la nevera, el frío no le va bien. A otros productos tampoco: ni piña, ni plátano, nada de frutas tropicales. Ni ajos ni calabacines. En cambio la naranja sí está mejor en la nevera.

4

Muy fan de este comentario de Jorge. Ni los OGM ni los pesticidas hacen que los vegetales tengan la misma forma. Se hace un cribado por tamaño y forma cuando se recogen, se clasifican y envasan.

5

El blog de Centinel es canela en rama, así que no se lo pierdan.

Venga, seguimos, que resulta que no todo es sano. 67

Esto dice Jorge:8

No sé a ustedes, a mí 1000 litros de lo que sea… lo mismo no me sienta bien. Tampoco de glifosato.

Venga, un poco más de miedo, que la fruta es poco. 9

Ahí va el gran Julio:

10

Ningún artículo quimifóbico y sensacionalista sin su ONG. Estas cosas hacen daño a las que trabajan de verdad por mejorar.

11

Que ya lo dice Álvaro, nada más que comentar. #stopquimiofobia

12

En este párrafo aprendemos cómo eliminar las palabras clave de un informe para decir algo que da mucho miedo, atentos:

13

Menos mal que “La ciencia de comer” da esas palabras que cambian la película:14

Con este párrafo quiero llorar muy fuerte. 15

Si lo dice AECOSAN, la EFSA y todos los organismos autorizados para opinar… ¿a qué viene el párrafo anterior? Ya se lo digo yo, EL MIEDO VENDE.

Y con este se han esforzado, ¿eh?

16

Sois tremendos. Grande Manolo…:

17

Un poco más, que ya terminamos:

18

Pues fenomenal, come todas las lechugas que puedas.

19

Estudios en ratones: nos salvan la vida y nos la quitan.

20

Me flipa (¿se puede decir “flipa”?) que el mismo periódico contara esto en abril:

21

Y ahora nos cuentan una de las mentiras más gordas (y miren que llevamos unas cuantas) que hemos leído:22

FALSO. Falso del todo. Un producto procedente de agricultura ecológica sólo significa que cumple con esa normativa. Ya está, chim-pum. No hay más. No mejora el sabor, no mejora los nutrientes, no cambia nada. Sólo cumple con esos requisitos. De hecho, hay plaguicidas de agricultura ecológica que son bastante más tóxicos que los que no lo son. Un ejemplo de Gram_positivo

23

Ya contesto yo: agricultura ecológica. Así que milongas, a otro.

Ahora nos cuentan las preferencias colorimétricas de los pesticidas. Tengo que reconocer que aquí me entró la risa.

24

Mundialmente conocido que los pesticidas odian los colores vivos, no tienen nada de estilo. Unos mustios, que son unos mustios.

25

Coma fruta, cocine la verdura bien, lávelo todo bien. Coma lo que quiera sin miedo: 10, 20 o las raciones que le de la santa gana. Le garantizo que es seguro.

La única precaución que tiene que tener es lo que te cuenta Rosa Porcel (@bioamara) recomendado por Tatiana que siempre está al quite:

Captura

http://lacienciadeamara.blogspot.com/2015/10/tomates-verdes-mejor-fritos.html?m=1

Que este tipo de desinformación no le quite las ganas de ir a por su maravillosa fruta y comerla con toda tranquilidad.

Ahora tiene toda la información, en su mano está la decisión.

Gracias a todos, sois muy grandes.

Gemma

Verán, el otro día escuché a una mujer que elaboraba sus propios cereales en casa, añadiendo un montón de ingredientes (todos saludables, por supuesto). No me acuerdo de todos, pero sí recuerdo que añadía miel y sirope de agave porque era todo “natural”. Nada de azúcar, que eso es veneno y hecho en casa, que es mejor.

En ese momento me entró un tembleque en las piernas pensando si estábamos distorsionando la realidad del consumidor diciéndole qué es REAL y qué es FOOD. En la definición se partía de comida natural y mínimamente procesada. Añadiendo que ese procesamiento puede alterar el alimento provocando una repercusión en nuestra salud.

Pero verán, ese miedo a que el Imperio “procese” alimentos (los más seguros de la historia) está derivando en que les pueda ocurrir esto:

  • Si se hace la misma “cochinada” en casa que haríamos en el Imperio: no debería ser REAL FOOD.
  • Si necesita sustituir los productos ultrapocesados pero hechos en su casa: no debería ser REAL FOOD.
  • Si cree que en vez de avena debe tomar espelta y que al pan integral debe añadirle chía… no debería ser REAL FOOD.
  • Si busca productos BIO, ECO o vegetarianos porque cree que son más saludables: no debería ser REAL FOOD.
  • Si pasa más tiempo en la sección de “complementos nutricionales” que en la frutería: no debería ser REAL FOOD.
  • Si en su cesta de la compra hay más ingredientes con nombres y orígenes que no conoce: no debería ser REAL FOOD.
  • Si cree que los alimentos procesados son el mal y que hacer lo mismo, pero en casa es mejor: no debería ser REAL FOOD.
  • Si cree que los aditivos son malos porque le envenenan y que los pesticidas le van a matar: está muy alejado de lo que debería ser REAL FOOD.

Y no nos quedamos ahí, no. Le estamos inundando de información sobre alimentos que poco menos le salvan la vida: superalimentos, les llaman. Pues ya les digo yo, que lo de súper se lo han puesto porque es el súper el que se lleva la pasta que paga por ellos. Porque ninguno de ellos, tiene propiedades suficientes por sí mismo para conseguir nada en su organismo. Pero nada, ¿eh?

Y ya si usan cualquier argumento de los anteriores para la pérdida de peso… miren, ayer vi este tuit de Pablo Zumaquero y me pareció brutal.

https://twitter.com/pzjarana/status/998268418783633408

real2

Esta imagen “resume” (soy una optimista, ¿eh?) todos los factores que influyen en la pérdida de peso y cómo se interrelacionan. ¿De verdad creen que por añadir a su desayuno la última moda en el producto más molón (y caro) del mercado van a conseguir, así sin más, un efecto en su organismo? Ni de broma. Es la combinación de una dieta saludable (y no le hace falta el alimento molón) con ejercicio y buenos hábitos. Sin esa combinación, la comida será lo de menos.

Una dieta variada, completa, rica en fruta, verdura, legumbres, pescado… vamos, lo que ya sabe, es más que suficiente para completar todos y cada uno de los nutrientes que necesita. Ni se obsesione ni se traumatice. Le aseguro que sus necesidades nutricionales están cubiertas perfectamente.

Con frecuencia me encuentro a personas negando tres veces a la Industria Alimentaria, añadiendo semillas de no se qué al rebozado de su pechuga de pollo porque es “más sano”. Y le cuento un secreto, la pechuga es un alimento que ha sido procesado, aún no hemos conseguido obtenerla sin el resto del pollo.

Pero a ver, alma de cántaro, ¿no será mejor hacer esa pechuguita a la plancha y no engañarse con superalimentos que no lo son?

No se crean, que también me he encontrado conguitos caseros porque los del Imperio son muy malos y nos envenenan. Pues, amiga, lo mismo. Unos cacahuetes cubiertos de chocolate son el mismo engañabobos que los de sobre, sólo que le lleva más tiempo hacerlos. Y no, no se crean que las diferencias nutricionales son tantas. Como piensan que son mejores, pues hale, medio kilo para el bolso, y no. Los mismos cacahuetes (o cualquier alternativa de frutos secos) en 30 g son perfectamente saludables y no tienen que imitar al Imperio tan “malamente”.

La comida real es la de siempre, la que tiene cerquita de su casa, la que amablemente le venden en la frutería, y sí, también en la del supermercado.

También hay alimentos "procesados" como alternativa saludable en el supermercado
También hay alimentos “procesados” como alternativa saludable en el supermercado

Porque tenemos que cambiar nuestro modo de ir a la compra. Debemos hacer un #realLook. Una mirada real, una mirada consciente. Responsabilizándonos de lo que metemos en nuestra cesta de la compra. No temiendo a los aditivos presuponiéndoles un alimento malvadamente procesado, sino analizando claramente lo que después consumiremos en nuestras casas. Porque el problema no es el aditivo, es el alimento.

El único que puede decidir (y de sobra sabe) qué comprar y qué no: es usted. Todos sabemos la diferencia entre el procesado: caldo envasado y el procesado: donut, ¿verdad? Y no se ponga etiquetas, no tiene que demostrar nada a nadie.

Ahora ya tiene la información, en su mano está la decisión. #realLook

Gemma

Me dais vergüenza, compañeros. Así lo siento.

Hoy vi este cartel en un hipermercado y me ha dejado una terrible sensación de rabia, impotencia y pena. Otra vez.

quimio 1

¿En qué momento hemos derivado nuestro discurso, nuestra publicidad (que no nuestros alimentos) a ese absurdo fomento del terror hacia los aditivos?

¿En qué momento pensasteis que era correcto (o ético) dar a entender que un producto peor llamado “natural” era mejor que uno que también lo es, pero con otros aditivos diferentes?

quimio2

¿Por qué renegáis de los compuestos que han conseguido que nuestros alimentos sean más seguros, duren más, tengan un sabor, un color, una textura correcta durante toda su vida útil?

Si queréis os lo digo yo. Utilizamos aditivos en todos los alimentos, en los buenos y en los malos. En algunos los hemos usado con el objetivo de hacer creer que el producto es de mejor calidad. Pero antes el consumidor no miraba. Y ahora mira ¿eh? Ahora pregunta y quiere informarse, pero no siempre encuentra las mejores fuentes. Y hemos hecho (nosotros, compañeros, no miréis al otro lado) que asocien un producto malo con que un aditivo es malo. ¡Qué error! Hemos dado pie a bulos quimiofóbicos, hemos facilitado el camino a quien sabe que el miedo vende.

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Y sois tan tontos que, en vez de contestar, en vez de informar, en vez de utilizar materias primas de mejor calidad y seguir usando los aditivos tan tranquilos, habéis tomado la opción de seguir mintiendo pero desde el otro lado. Buscáis aditivos “naturales”como si todo, absolutamente todo, no fuera química. Habéis preferido confundir doblemente al consumidor poniendo nombres que les “suenan” en vez de decir que tanto los que les suenan como los que no, son perfectamente seguros. Y encima haciendo entender que hay otras marcas que sí utilizan esos malvados productos.

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Era complicado explicar que no podemos poner todos los aditivos en todos los productos que queramos ni en las dosis que nos venga en gana. Es difícil perder un minuto en decir que cualquier aditivo añadido está regulado y avalado en dosis indicadas, que son perfectamente seguros y que el objetivo es mejorar o mantener las características del alimento.

Es más fácil callarnos que el problema es el producto, no el aditivo, ¿verdad? Dejarían de comprarlos.

quimio 5

Habéis sido listos, no lo puedo negar. La opción más rentable era mantener los productos “malos” con aditivos (y colores más brillantes) y abrir el mercado a los nuevos productos “SIN”.

Como si pudiéramos mantener exactamente el mismo producto sin añadirle nada. Eso le hacéis creer al consumidor, compañeros. Pero se va a dar cuenta de que también son aditivos, y ese día ¿qué vais a hacer? Porque no le estáis diciendo que el producto lleva conservantes que conoce, no, le decís “sin conservantes”, “sin colorantes artificiales” y todo junto a la palabra “natural”. ¿Qué vais a hacer cuando todos los aditivos sean “no artificiales” (manda narices) y ya no os diferenciéis del resto con ello? Miedo me da.

Tenéis una responsabilidad con la sociedad. Debéis comunicar e informar al consumidor que todo lo que se añade a un alimento es seguro. Y lo que se añade a los procesados que no son saludables también lo es, lo que no es bueno es ese alimento que hemos inventado, no los aditivos.

Y por si fuera poco, como sabéis que el producto no es bueno (porque lo sabemos, no miréis al consumidor), le añadís algún nutriente que le parezca chulo a quien lo compra (vitaminas, minerales) para que, tantoellos como vosotros, os sintáis menos mal con el esperpento que habéis ideado. Aquí me dais más vergüenza aún.

quimio 6¿En qué lugar nos dejáis a los que creemos que los avances en la industria alimentaria mejoran y facilitan el acceso a alimentos variados y seguros? ¿A los que peleamos cada día por informar de lo que de verdad hacemos? Queridos compañeros: yo también soy Imperio, pero no soy como vosotros. Y lo peor, las personas que trabajan para quien decide fomentar esto, estoy segura que tampoco.

Vergüenza de quimiofobia que hemos creado y que ya os adelanto: pagaremos caro.

Verán, estos días se ha hablado en la prensa de los caldos envasados. Unas opiniones mejor que otras, la verdad. Aquí no vamos a hacer la comparativa entre un caldo de verduras frente a comer verduras. Eso es como decir que comparamos que te regalen un ramo de rosas con estar en un bosque. Pues claro que no, hombre. Tienen objetivos distintos y lo que se obtendrá de ellos no se puede comparar

(Nota: nunca me regalen flores).

Y me gusta el caldo hecho en casa. Y me gusta hacerlo, a veces. Porque otras veces no tengo tiempo, o no tengo ganas… o pienso en las ventajas que tienen los caldos envasados y tan ricos, oiga. Pero no todos son iguales, ni saben igual. Ni todo lo que es “agua con cosas” es un caldo. Para diferenciarlo, debemos mirar con mucho ojo la lista de ingredientes. Ahora lo vemos.

Pero el caldo, ¿de qué está hecho?

Los caldos envasados tienen un proceso de elaboración muy parecido al que cocinamos en casa, pero a gran escala (y un chollazo para el Imperio).

Su elaboración es bastante simple: se cortan todos los ingredientes. No es como en la tele con las verduras y la carne enteras, tampoco tendría sentido que fuera así, es más fácil extraer los sabores y “sustancias” cuando está cortado en trozos pequeños.Que no, que no es así

Que no, que no es así.

Los ingredientes se colocan en unas cestas que encajarán dentro de la olla (pueden ser de 800 a 3000 litros) y se dejan cocer a alta temperatura durante unas 3 horas. En ese tiempo, los ingredientes se han cocido mucho, se ha extraído de ellos todo lo que podían dar, así cuando saquemos la cesta encontraremos algo parecido a una gran pasta que se retira.

caldo 2

Vamos, que esto no está así de limpio ni de broma. Pero bueno, imaginen.

Posteriormente es necesario enfriar el caldo rápidamente y a continuación se homogeneiza y desengrasa. Se pasteuriza (es una grandísima e importante diferencia con el que hacemos en casa) y se envasa.

El proceso no tiene más. Ni menos.

Si no te apetece cocinar…

¿Qué ventajas tenemos frente al caldo hecho en casa? Una de la más grandes es la comodidad: abrir un brik y tenerlo disponible supone un ahorro en tiempo bastante importante. Y últimamente es algo que a muchos no nos sobra.

En cuanto al precio tenemos diferentes alternativas, aunque también diferentes calidades. Se pueden encontrar caldos desde 1 euro a casi 4 euros, dependiendo de la variedad e ingredientes. No supera demasiado a lo que costaría comprar los ingredientes y hacerlo en casa.

Este tipo de producto puede conseguir que se utilicen menos las típicas “sopas de sobre” que no aportan nada saludable. Estas mezclas deshidratadas sí tienen grandes cantidades de sal.

El proceso de pasteurización al que es sometido asegura que el caldo se va a mantener en perfectas condiciones durante el período de consumo estipulado. Ese beneficio no lo tenemos en casa, ya que si no enfriamos correctamente el caldo o lo acumulamos demasiado tiempo puede fermentar y no estar en las condiciones adecuadas para consumirlo. Con este producto tendremos caldo disponible en nuestro armario (que sí, que ocupa un poco de hueco) en el momento que queramos.

Rico, pero ¿saludable?

Gracias a la información nutricional disponible en el envase podemos analizar los ingredientes que, dependiendo de las necesidades, tenemos que controlar. Por ejemplo, la cantidad de grasa o sal (la primera es muy baja, la segunda más alta, pero, atentos, tienen tanta sal como algunas clases de jamón cocido que tanto se recomienda -en fin- en algunas dietas). Esto es otra de las ventajas frente al caldo hecho en casa. Muchas veces creemos que hacer un caldo es muy sano, pero luego le ponemos jamón, tocino o ingredientes que engrasarán y salarán el caldo más de la cuenta. Con estos caldos no tendremos problemas, podemos conocer exactamente el perfil nutricional de lo que estamos comiendo. (ojo que habrá que tener en cuenta lo que luego hacemos con el caldo, ¿eh? Que si usamos un bajo en grasa para hacer unos callos con garbanzos… pues eso).

Pero no todos los caldos son iguales, por eso es necesario diferenciarlos y para ello no nos queda otra opción que leer las etiquetas.

Vaya, interesantes proporciones
Vaya, interesantes proporciones
Meh, ni tan mal
Meh, ni tan mal
Caldo con cosas
Caldo con cosas

En estos tres ejemplos tenemos un caldo en el que las proporciones de pescado y marisco son importantes. Como ven, en el otro, las cantidades son menores (aunque puede seguir siendo un buen producto). En cambio, en la última imagen, sólo tenemos un 0,5% de pescado y 2% de marisco. Pero, al loro (truco del Imperio), eso es dentro del ingrediente “caldo de pescado” (es decir, son porcentajes aún menores dentro del producto completo). A este le añadimos almidón (lo que leen como fécula de maíz), lo utilizamos como espesante. Es lógico, prácticamente todo es agua, algo tenemos que hacer para que parezca que tiene sustancia.

Están en el mismo brik, colocados al lado, a un precio más bajo, pero uno es un caldo y el otro es agua con cosas.

En cuanto a los componentes nutricionales:

Una ventaja es poder saber los componentes nutricionales
Una ventaja es poder saber los componentes nutricionales

Como se ve, tiene muy pocas calorías, la cantidad de grasa es baja y se podría pensar que la de sal es más alta, pero si la comparamos con otros productos del mercado no es motivo de exclusión. Es aproximadamente un 35% de la ingesta recomendada para un adulto al día. Ojo, que no es motivo de exclusión, pero deben darse cuenta de que esos valores son para 100ml y 250 ml ¡Un vaso de caldo! Siempre les queda la opción del bajo en sal.

Este caldo también puede congelarse si no se va a consumir, porque, una vez abierto no debería estar más de 4 días en la nevera. En congelación se puede alargar la vida un mes más.

El caldo envasado es un producto a tener en cuenta en nuestras casas, con importantes ventajas, pero eso sí, no todos los caldos son iguales. Si no comprobamos el etiquetado, el “caldo casero” se convierte en agua, almidón y “cosas”.

La denominación “casero” es una de las grandes batallas de los consumidores con la industria alimentaria. La normativa es un churro y por eso nos encontramos con las palabras “casero” “artesano” o “natural” en infinidad de productos.

Es un reclamo para usted, intentando hacerle ver que el producto está “hecho en casa” cuando en realidad no es así. Mi pregunta es ¿y qué más da? El producto es sano, correcto, se ha elaborado con ingredientes apropiados, ¿tanto miedo da decir que se ha hecho en una olla de tres mil litros? Es algo que desde la industria tenemos que revisar. Le hemos dicho tantas veces que lo “casero” es mejor, que ahora no nos cree cuando le decimos que esto, que no lo es, es bueno. Cuando usted sabe elegir y tiene la información, no necesita que en el envase ponga “casero”, querrá que el caldo que compra sea el que más encaja con lo que necesita.

Así que, si en su casa se le va la olla…

caldo 7

…ya tiene la información, en su mano está la decisión. Gemma

21-1

Verán, nos encontramos esta noticia hace un par de días. AECOSAN emitió una alerta por la intoxicación alimentaria provocada por el consumo de mejillón en un hotel en la comunidad valenciana. Esto ocurrió la pasada Semana Santa y han ampliado la alerta. En lo que se identifica en origen, se analiza el tipo de microorganismo y se informa a la población, se tarda un tiempo. Por suerte, el alimento ya está identificado, el lote bloqueado y la población informada (si tienen el producto en su casa, no lo consuman).

Etiqueta: Mejillón media concha súper

Lote: 010DOP-18

Fecha consumo preferente: 1/2020

Fecha fabricación: 19/01/18

Los mejillones estaban cocidos y congelados. Pero no piensen que la congelación evita la contaminación. La congelación sólo “retiene” lo que haya ocurrido anteriormente. No es un tratamiento que asegure la inocuidad del producto, sino únicamente es un método de conservación.

Mejillón media concha
Mejillón media concha

Es tarea de la empresa identificar qué ha ocurrido en este caso. La contaminación puede haberse producido en varios puntos:

  • Durante el proceso de cocción del mejillón, puede no haberse cocido a suficiente temperatura como para eliminar todos los microorganismos. Algunos quedarán allí y aprovecharán el momento.
  • Durante el proceso de congelación: si no se ha congelado correctamente. La congelación, cuanto más rápida sea, mejor. Recuerden que el agua, un poquito de calor y algo de materia orgánica es lo único que necesitan los bichitos para venirse arriba. Nunca hay que dejar restos de agua acumulada.
  • Durante el proceso de descongelación: si descongelamos a temperatura ambiente, en agua caliente estancada (en un barreño, por ejemplo), se puede favorecer el desarrollo de microorganismos.
  • Y no olvidemos una posibilidad transversal: las prácticas higiénicas por parte de los manipuladores de alimentos y entre la propia población.

¿Por qué les digo esta última? Y ¿por qué transversal? Sigan conmigo que ahora lo vemos.

El virus que han encontrado en el producto es un norovirus, se lo presento:

Norovirus-ustedes. Ustedes-norovirus
Norovirus-ustedes. Ustedes-norovirus.

Ahora que ya le conocen oficialmente, les diré que ellos a ustedes ya les conocían. Sobre todo los genotipos I, II y IV que son los que afectan a humanos (I y II son los que se encontraron en los mejillones).

El norovirus es la causa más frecuente en adultos de una intoxicación vírica (en niños suele ser rotavirus. Y hay vacuna, ahí lo dejo) a la que solemos llamar gastroenteritis. Lo mismo así les suena más familiar. Es la inflamación de estómago e intestinos que reconocemos por estos síntomas:

  • Diarrea
  • Náuseas y vómitos
  • Dolor de estómago

Esta toxiinfección suele tener origen en el agua, pero también en moluscos, ensaladas y comidas que conlleven manipulación. Además, también superficies que hayan estado en contacto con alimentos contaminados o de unas personas a otras.

Imagen: mejor con salud
Imagen: mejor con salud

Estoy segura de que con esta última frase ya saben por qué hablaba de las buenas prácticas de higiene de los manipuladores alimentarios. Y las que debemos tener entre nosotros mismos, no lo olviden.

Esto significa que una de las vías de transmisión de norovirus es la fecal-oral. Que da mucho asco leerlo, pero parece que se nos olvida pronto. Estamos eliminando virus por las heces y vómitos. Si nuestras prácticas de higiene no son escrupulosas, estaremos dando vía libre a nuestro queridísimo norovirus. Este bicho resiste en superficies y muy poca cantidad de partículas son suficientes para provocar infección. Así que imagínense.

Si no se lavan las manos, si tocan algo antes de hacerlo, si no limpian la zona donde haya podido estar en contacto con el virus, el responsable de la transmisión de la infección será usted. Y cuidado, unas horas antes del inicio de los síntomas, algunos días después y aunque no haya diarrea, pueden seguir eliminando virus. Así que, con esto, lo mejor es que las prácticas de lavado de manos y limpieza de superficies sean cada día las mejores. No sabemos dónde puede estar nuestro colega.

¿Y si ya se ha infectado?

Bueno, la enfermedad de suele desarrollar como máximo en 72 horas (eso es una suerte, porque haciendo un esfuerzo se puede relacionar con lo que han comido) y dura como máximo 2 o 3 días (pero qué dos días, ¿eh?).

Salvo en población con enfermedades asociadas o sistema inmune debilitado, no suele dar mayor problema.

En su (lavado de) mano está evitar ir al baño"juntitos"
En su (lavado de) mano está evitar ir al baño”juntitos”

Como todo en el Imperio, es fundamental la prevención, las buenas prácticas de manipulación y la concienciación sobre la higiene. Debemos poner especial cuidado en cada punto del proceso, analizando agua y alimentos para evitar que llegue a usted.

¿Y en nuestra casa? ¿Qué podemos hacer?

  • Lavado de manos: es fundamental, con agua y jabón. Concienzudamente después de ir al baño y antes de comer o manipular alimentos.
  • En la preparación de alimentos: lave bien las frutas y verduras. Cocine a la temperatura correcta el marisco. Si está enfermo, no prepare alimentos.
  • Atento a las superficies: en la cocina y en el baño. Limpie y desinfecte lo que haya podido estar en contacto con alimentos o con personas enfermas.
  • No se olvide de la ropa: la ropa de cama de las personas enfermas también puede estar contaminada, así que ya sabe, a la lavadora a alta temperatura.

¡Ah! Y como ha leído ya, es un virus. No hay antibiótico posible para tratarlo. Reposición de líquidos evitando la deshidratación y reposo es la clave.

Ahora ya tiene la información, en su mano está la decisión (o la transmisión).

Gemma

Verán, saben que podemos declarar en el envase toda la información voluntaria que queramos. Normalmente lo que hacemos es poner detalles que nos benefician o diferencian de la competencia. Evidente, ¿no? Pues aquí solemos liarla porque “voluntario” no es: “como lo pongo porque quiero, lo hago como me apetece”. Esa información debe cumplir ciertos requisitos:

  • no inducirá a error al consumidor
  • no será ambigua ni confusa para los consumidores
  • se basará, según proceda, en los datos científicos pertinentes.

Pues… esto viene en el artículo 36 de mi querido RD 1169/2011. Si nos ponemos “interpretativos” en el tema, la mitad de las etiquetas estarían mal (¡Uy la mitad!).

Sobre el párrafo anterior yo no les he dicho nada y negaré haberlo hecho, ¿estamos?

Seguimos, en el siguiente apartado, el artículo 36 dice que “la Comisión adoptará actos de ejecución sobre la aplicación de los requisitos anteriores a la siguiente información”:

  • información sobre la posible presencia no intencionada de sustancias que causen alergias o intolerancias.
  • Información relativa a si un alimento es apto para vegetarianos o veganos.
  • Indicaringestas de referencia para uno o varios grupos de población específicos.

¿Qué significa que “adoptará actos de ejecución“? Lo dicen raro, pero vamos, es que puede actualizar la normativa según evolucione el sector. En este caso, el alimentario.

Y eso ha hecho con el tema del etiquetado preventivo en el tema de alérgenos.

Algunas empresas han recibido un acta de infracción por poner en su etiquetado precautorio “Puede contener gluten” o “Puede contener frutos secos” sin especificar el cereal o el fruto seco. Así que FIAB ha realizado una consulta a la Subdirección General de Promoción de la Seguridad Alimentaria de AECOSAN.

Parece que ya no podrá etiquetarse así.

Parece que ya no podrá etiquetarse solo así.
Parece que ya no podrá etiquetarse solo así

La respuesta hará que se cambie el etiquetado de muchos productos, atentos:

“En el caso de que los cereales contengan gluten o los ingredientes se produzcan a partir de ellos: deben declararse con una denominación que haga referencia clara al tipo específico del cereal”

Esto significa que no se puede poner en un etiquetado precautorio “Puede contener gluten”, la forma correcta de hacerlo es

“Puede contener trigo (gluten)” o

“Puede contener trigo (contiene gluten)”

Ojo, estamos hablando del etiquetado precautorio, no lo olviden. No es lo mismo decir “puede contener” que “contiene”, en ese caso ya está especificado de qué cereal es en la lista de ingredientes. Como aquí:

Ya informamos en la lista de ingredientes que es trigo

Se informa arriba que es de trigo.

No es un problema mayor, no es necesario retirar los envases y cambiarlos por otros. Se irá poco a poco agotando los stocks de los envases, actualizando a la nueva situación.

Ahora ya tienen la información, en su mano está la deci…ir a buscar alguna etiqueta que lo haya cambiado ya. ¡Y nos lo cuentan!

Gemma

PD: aquí les dejo el enlace que me envía FIAB sobre el etiquetado precautorio de alérgenos.

Verán, es conocido por todos que los frutos secos son saludables para la salud. Es recomendable una ración diaria de unos 30 gramos (un puñado) de este delicioso manjar. Pero les cuento un secreto, para que puedan comer con tranquilidad este delicioso producto, desde el Imperio tenemos que controlar un silencioso y realmente peligroso enemigo: las aflatoxinas.

afla1

Ya el nombre da una idea de lo que pueden ser. Sí, acertaron, son toxinas (en realidad, son un metabolito natural) que producen algunos hongos del género Aspergillus, principalmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Imaginen el moho ese que sale en el pan o en las naranjas pero produciendo toxinas a mansalva.

Estos mohos se desarrollan en gran variedad de cultivos y en todas las etapas de su proceso productivo: desde el cultivo, procesamiento, transformación o almacenamiento. Si se dan las condiciones adecuadas de calorcito y humedad, este crecimiento contaminará el producto. Los hongos sobreviven en un rango de temperatura entre 4ºC y 45ºC, pero la temperatura ideal para producir estas toxinas está entre 11ºC y 35ºC, con una humedad relativa de 80-90%, con lo que imaginarán que en zonas tropicales campan a sus anchas, aunque es cierto que en zonas templadas también pueden desarrollarse.

Los productos con posibilidad de niveles de aflatoxinas elevados son: las nueces, avellanas, en general todos los frutos secos, especias, algunos cereales como el maíz (aunque la presencia aquí es menor) y leche. Este crecimiento se ve favorecido por el almacenamiento en silos enormes donde se guardan los productos antes de su procesamiento.

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Y como les he dicho al principio que es un metabolito natural y lo natural es bueno, les sonará extraño que les cuente ahora que supone un factor de riesgo para el desarrollo de carcinoma hepatocelular consumiéndolo, incluso en pequeñas dosis, durante algún tiempo. Son muy liposolubles y se absorben fácilmente, llegando al hígado, que es el órgano que más afectado se ve por ellas. Además, puede provocar intoxicaciones agudas (aflatoxicosis) causando efectos también en el sistema inmune. Produce vómitos, dolor abdominal, cirrosis o convulsiones. En España no ocurre, pero es un problema serio en África, sudeste asiático o en la India, donde un brote de hepatitis aguda que afectó a cientos de personas parecía estar asociado al consumo de maíz contaminado.

Son conocidas desde hace tiempo, pero nos empezamos a interesar más seriamente por ellas en 1961, cuando una epidemia en una granja de pavos en Reino Unido ocasionó la muerte de 100.000 ejemplares. La causa fue la harina de cacahuete contaminada con aflatoxinas que había importado desde Brasil.

No modifican ni el aspecto ni la textura del producto. De ahí que tengamos que tener una precaución especial en cada punto del proceso de producción, evitando mantener las condiciones favorables para su desarrollo.

Se han identificado al menos 20 tipos diferentes de aflatoxinas, siendo cuatro las más importantes. Aquí van según su grado de toxicidad: B1>G1>B2>G2.

La B y G son producidas por Aspergillus parasiticus que se encuentra normalmente en el suelo. El Aspergillus flavus suele estar en las partes aéreas y sólo produce aflatoxinas B.

La más tóxica es la B1. (De ahí el nombre, que mi imagino a los científicos: “Buaaaaaah qué tóxica.” Pues que se llame B.)

Perdón. No volverá a pasar. Seguimos.

Existen dos más que aparecen en leche, la M1 y M2 porque las vacas que consumen pienso contaminado por aflatoxinas pueden metabolizarla a esta otra variante, aunque la cantidad que secreta el animal suele ser un 1-2% de la cantidad inicial que ingirió. ¿La M será porque está en leche Materna? Podría ser, aunque también se excreta en heces y orina, pero como (de momento) eso no nos lo comemos…

Las personas más expuestas a este tipo de toxinas son los trabajadores agrícolas debido a que pueden inhalar el polvo que se genera en el cultivo y almacenamiento de estos productos.

El grupo de población más vulnerable sin duda son los niños, jóvenes y las mujeres embarazadas ya que puede provocar malformaciones en los fetos. Hay que tener especial precaución también con los bebés ya que la aflatoxina M1 se excreta con la leche materna.

¿Cuáles son los valores de seguridad?

Pues resulta que estos enemigos silenciosos no tienen un umbral por debajo del cual no haya efectos nocivos. Así que en el RD 1881 se fijan los límites legales en los niveles más bajos posibles porque no se puede fijar una dosis diaria tolerable. Posteriormente, el Reglamento 1058/2012 modificó las dosis máximas en higos secos y algunos frutos secos.

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Así, en frutos secos y cereales se controla B1 (que es la más tóxica)y además, la suma de B1, B2, G1 y G2.

La M1 se analiza en leche, preparados para lactantes y alimentos dietéticos dirigidos especialmente para lactantes. Recuerden que la M1 está presente en leche de animales que han ingerido alimentos contaminados. Si de esta no hay, de las otras tampoco. Por eso sólo se analiza esta.

De esta forma, las aflatoxinas estarán analizadas en alimentación humana. El 95% de los análisis realizados confirman valores inferiores a los límites legales.

Si están pensando en productos que importamos de otros países: son un tema tan serio, un enemigo tan peligroso que los controles en las aduanas son exhaustivos. No es posible que entren (de forma legal) en España frutos secos o cereales con valores de aflatoxina por encima de los límites permitidos.

¿Cómo evitamos las aflatoxinas en el Imperio?

Poniendo atención desde el cultivo utilizando unas buenas prácticas agrícolas y de manipulación. También en el almacenamiento y transporte, debemos evitar que los productos se golpeen porque eso facilita el crecimiento de estos mohos.afla5

Los tratamientos de molienda o lavado no reducen el contenido de aflatoxinas, ni siquiera los tratamientos térmicos sirven porque son termoestables. Así que la prevención, como siempre, es la mejor opción. Cuando ya están allí es muy difícil acabar con ellas. Es cierto que se pueden utilizar métodos de reducción como la descontaminación física (radiaciones ultravioletas, microondas o altas temperaturas), pero no son demasiado efectivos. Esos productos ya no se pueden destinar a consumo humano, se separan e identifican.

En el caso de los animales, para reducir los efectos tóxicos de las micotoxinas, se utilizan compuestos adsorbentes que se unen a ellas e impiden la acción tóxica en el organismo. Pero tienen dos desventajas:

  • No son efectivos para todas las micotoxinas.
  • A veces pueden unirse a los nutrientes e impedir que el animal los absorba.

El carbón activo es un ejemplo que funciona bien para casi todas las micotoxinas pero impide que se absorban los nutrientes.

¿Y qué podemos hacer en nuestra casa?

La exposición a aflatoxinas en la dieta está por debajo de los límites seguros. Pero siempre es recomendable:

  1. Adquirir productos de centros y marcas de confianza.
  2. Utilizar buenas prácticas de conservación de alimentos, evitando que estén en contacto con otros que puedan estar contaminados con mohos.
  3. No acumular frutos secos, ni especias o cereales a altas temperaturas en lugares con humedad (a ver si se creen que lo de “conservar en lugar fresco y seco” iba de broma) terminarán de garantizar nuestra seguridad frente a este terrible enemigo silencioso.

Ahora ya tienen toda la información, en su mano está la decisión.

Gemma

Verán, estos días ha vuelto a salir la noticia del riesgo de comer legumbres cocidas y envasadas porque le añadimos dos “terroríficos” aditivos: combinamos ácido cítrico y EDTA. El susto del año. No tanto por el ácido cítrico sino por algo con unas siglas raras que no entendemos.

Lo peor es que esto no es nuevo, cada cierto tiempo vuelve a nuestras redes y nos volvemos a asustar. No me extraña, si buscan EDTA o E-385 en internet encontrarán una sucesión de enlaces que dan verdadero miedo.

www.e-aditivos.com Usted me dirá, yo veo eso y me pongo a temblar.

Quimiofobia. ¿Por qué? Porque no conocemos los usos, las dosis, la regulación y su utilidad. Si al Imperio no le interesa que ustedes sepan lo que comen (que no es así siempre, ¿eh?) a otros lo que les interesa es que nos tenga miedo. Culpa nuestra por no explicar bien las cosas. Vamos al tema:

El EDTA se llama en realidad Ácido etilendiaminotetraacético. Es tan largo que no nos entra en los etiquetados, así que lo reducimos a E-385 o directamente EDTA.

No piensen que nos aprovechamos de sus propiedades únicamente en el Imperio:

  • En medicina: se utiliza cuando ocurre una intoxicación por metales pesados. “Secuestra” los iones metálicos (quédense con este toque, que es el motivo por el que lo usamos en la industria) y ayuda a su eliminación. Otra aplicación en medicina es como anticoagulante, previene la formación de coágulos de sangre.
  • En cosmética: se utiliza como conservante en cremas y jabones, además facilita que los ingredientes activos penetren en la piel.
  • En limpieza: mejora la función blanqueadora y, como secuestra metales, mejora las condiciones del “agua dura”.
  • En investigación:

http://www.agenciasinc.es/Noticias/Un-aditivo-alimentario-potencia-el-efecto-de-los-antibioticos-frente-a-las-bacterias

  • En la industria alimentaria lo utilizamos como estabilizante: evita el pardeamiento y la oxidación. Como ya saben que “secuestra” iones metálicos, les diré que estos son esenciales para muchas bacterias. Si no hay iones, no hay bacterias, por lo que también es un buen conservante. Combinado con el ácido cítrico, la acción de ambos se ve potenciada y sus efectos son aún mejores.

Los alimentos donde lo utilizamos son:

  • Legumbres cocidas y salsas emulsionadas: en ambos productos se utiliza como conservante.
  • Bebidas refrescantes y cerveza: para mantener su sabor y color, así como “anti-borbotones” para que no salga toda la espuma cuando se abre la botella. (Corrección: ya no está autorizado para este uso. Gracias Miguel Ángel)
  • Grasas para untar: como estabilizante
  • Setas, alcachofas: para evitar el pardeamiento
  • Pescados y mariscos congelados o en conserva: para evitar la degradación temprana.

Pues ya ven que lo usamos bastante, ¿por qué tanto miedo? Porque la información no separa dosis y usos:

En altas concentraciones tiene efectos secundarios como vómitos, malabsorción de vitaminas, disminuye la concentración de azúcar en sangre… por eso en los usos médicos está bien controlado.

Cuando se administra para intoxicaciones por metales, puede bajar los niveles de calcio y provocar arritmias cardíacas.

Puede inhibir la absorción de minerales, con lo que se recomienda precaución en niños y embarazadas en grandes dosis. Desde luego en absoluto retirar legumbres, si quieren bajar las dosis tienen el resto de alimentos (bebidas refrescantes y salsas, por ejemplo).

Es un aditivo regulado por el Reglamento 1129, donde indican las dosis máximas a utilizar. Van desde 75 mg/kg en mariscos a 100 mg/kg en salsas. No es recomendable consumir más de 3 gramos al día.

Vamos a ver, esto es importante: bajo ningún concepto consuman más 30 kilos de legumbres al día ¡el EDTA podría provocarles algún tipo de alergia!

Miren, los alarmismos son arriesgados, pueden hacer que dejemos de consumir un alimento tan necesario como las legumbres. Es curioso que se centren en este producto y no en cervezas, salsas y bebidas refrescantes…

Cuando vean esta alarma tan roja de toxicidad alta, lean lo de abajo. Sé que viene en gris y más pequeño, pero es la información clave. Se lo garantizamos desde el Imperio:

Se lo repito por si acaso: no hay riesgo para la salud si está autorizado.

Ahora tienen toda la información, en su mano está la decisión. Mi consejo, como dije el otro día, es:

“La única legumbre que hay dejar de comer es: ninguna”

PD: me hacen la consulta de si es necesario retirar el líquido de la conserva en legumbre. No sólo no es necesario, sino que puede aportar propiedades al plato. La espuma no es bonita pero no es mala. Las legumbres se cuecen en el propio bote, así que las propiedades en el líquido estarán en tu plato. No es necesario lavarlas antes de cocer. Si las van a consumir en ensalada y no les gusta la gelatina, pueden hacerlo también.

o mejor, el precinto.

Verán, no en vano dicen que del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares. Pero en alguna ocasión los que se aprovechan son algunos “listos” que intentan hacer negocio con el fraude. Y no les quepa duda de que el jamón es uno de los productos más golosos: los precios son altos y variables (influyen muchos factores) y es difícil distinguir unos de otros. Los controles son cada vez mayores, pero eso no quita para que algunos se los salten y nos intenten dar gato por liebre, como en este caso, por ejemplo. Para ello, debemos distinguir los tipos de jamón que nos podemos encontrar en el mercado.

Empezaremos por el jamón que no proviene del cerdo ibérico, es decir, de jamón blanco. Las razas de esta categoría son Duroc (este es el más utilizado para el cruce con el ibérico, luego les cuento por qué), Pietrain, Landrace o Large White. A todos estos jamones les solemos llamar jamón serrano, pero no todos son así. “Jamón serrano” corresponde a una Especialidad Tradicional Garantizada (ETG) que asegura unas características exclusivas:

  • El peso tiene que rondar los 9,5 kg.
  • El grosor de la grasa mínimo será 80 mm.
  • La curación debe ser mayor a 7 meses.

Además, se puede añadir tres denominaciones dependiendo del tiempo de curación posterior:

  • Bodega: con 9 meses de curación.
  • Reserva: con 12 meses de curación.
  • Gran reserva: 15 meses de curación.

Curado, no serrano.

Si no cumple estos requisitos será jamón curado, pero no jamón serrano.

Estas denominaciones y especificaciones deben estar en la etiqueta disponibles para el consumidor. Es el que más se utiliza para loncheado.

www.jamonlovers.es

Para el tema del ibérico la normativa cambió en 2014 con la disposición 4/2014 de 10 de Enero. En ella se diferencian los tipos de jamón ibérico, las denominaciones que deben tener y el etiquetado identificativo.

Aquí diferenciamos varios tipos que se parecen entre ellos como un huevo a una castaña teniendo únicamente en común que llevan el apellido “ibérico”. Sólo será 100% ibérico cuando proceden de animales también 100% ibéricos.

En cualquier otro caso la denominación será exclusivamente ibérico aunque podrán diferenciarse en 75% ibérico o 50% ibérico dependiendo de si su padre es ibérico al 50% o es Duroc al 100%. Eso sí, la madre tiene que ser ibérico 100%. Tienen un árbol genealógico digno de reyes. Se elige el cruce con la especie Duroc porque dan camadas más grandes, son más resistentes y se consigue más infiltración de grasa dentro del jamón. Vamos, que mejoran la producción. El ibérico 100% es pequeño y delicado.

Esta clasificación se complementa con el tipo de alimentación en la época de la montanera antes del sacrificio. La montanera es la última fase de cría del cerdo que va de octubre a marzo coincidiendo con la época de la bellota:

Bellota: su alimentación se basa en bellota, hierba y recursos naturales de la dehesa desde el momento de la montanera hasta su sacrificio. No comen “sólo” bellota a lo largo de su vida, que no les engañen.

Esta es la respuesta de mi amiga Eva cuando le preguntan si ese cerdo sólo ha comido bellota: “Claro, cuando el árbol la da”. Pues eso.

  • De cebo de campo: además de bellota y recursos de la dehesa en la época de montanera, se han alimentado de piensos de leguminosas y cereales para completar el peso exigido. (Desaparece la categoría “recebo”).
  • De cebo: alimentados con piensos de cereales y leguminosas en cultivo intensivo.

Es decir, con la denominación “Ibérico” podemos encontrar un jamón ibérico 100% de bellota (7,5% en ventas) y uno de cebo 50% ibérico ( casi 60% en ventas). Magrama 2016.

Entonces, ¿cómo los diferenciamos? Pues con un sistema de precintos quedebemos exigir en el momento de la compra:

  • Precinto negro: jamón 100% ibérico de bellota.
  • Precinto rojo: jamón ibérico de bellota.
  • Precinto verde: jamón ibérico de cebo de campo.
  • Precinto blanco: jamón ibérico de cebo.

Desde la explotación ganadera se suministra un registro al matadero con los animales que entrarán. Deben estar inscritos en ASICI y dejar registrado en el programa ITACA toda la trazabilidad para que no haya duda de qué tipo es cada pieza que salga de allí. Los animales llevan un crotal (una especie de pendiente) donde queda anotada la especie y el tipo de alimentación y así el precinto correspondiente será exclusivo por pieza. Tantos precintos como piezas, ni uno más ni uno menos. No puede haber más precintos que jamones. Y así debería llegar al consumidor. En el jamón loncheado nos tenemos que fiar de lo que se declare en el etiquetado, era un poco raro poner precintos en los envases.

Como han visto, los precintos son una especie de bridas. No están dentro de la pieza y es posible que puedan perderse (aunque no debería). Si eso ocurre se puede solicitar un precinto nuevo, pero tarda algún tiempo (que normalmente no se tiene). Así que para curarse en salud, lo normal es que las empresas comercialicen esos jamones como curado (con las pérdidas económicas que suponen).

Si además el jamón no llega al peso mínimo o no se han cumplido el mínimo de meses de curación, el precinto se retira y vuelve a comercializarse como curado.Pese a ser bellota o 100% ibérico, si no cumple los estándares necesarios, no puede llegar al consumidor.

En ningún caso debe comercializarse un producto de estas características sin precinto. Si le dicen que es bellota pero no hay precinto: no lo compren.

En cualquiera de estos procesos, personas sin escrúpulos pueden utilizar estos precintos retirados y utilizarlos para otros jamones. Declarar que el precinto se ha caído pero que nos “prometen, prometido” que es 100% ibérico de bellota. O “trapichear” con precintos, la crisis hizo mucho daño en este sector también. En fin. Son muy pocos pero muy sinvergüenzas. Lo habitual no es esto. Por suerte existen unos registros donde queda anotado el número de piezas por lote que debe coincidir con el número de precintos, así que antes o después, se les pilla.

Saben que no tenemos en nuestras casas un laboratorio que realice un perfil de ácidos grasos para poder diferenciar el jamón. Es muy complicado, si no eres experto, identificar un 75% ibérico de un 100% ibérico. Pero sí pueden fijarse en que:

  • El de bellota tiene un peso más bajo que el de cebo.
  • El de bellota 100% ibérico tiene la pezuña fina y desgastada (de sus paseos por la dehesa). El de cebo tiene la pezuña más gorda (debido a la explotación intensiva).
  • El corte del jamón de cebo es más rosáceo frente al de bellota que tiene un corte con un color más oscuro, parecido al vino.
  • El de bellota tiene menos veta, menos grasa infiltrada. Se suele pensar que es al revés pero la verdad es que a más pureza, menos infiltración. Esa grasa infiltrada viene sobre todo de la raza Duroc. En cambio tiene más grasa alrededor de la pieza.

Menor veta, color vino y más grasa exterior. Y qué delicia.

El de cebo no pisa la dehesa. Hay que leer la etiqueta y no mirar sólo la foto.

Exijan siempre el precinto a la hora de comprar jamón. No se dejen llevar por las fotos que ponemos, no tienen por qué coincidir con la realidad de la etiqueta. Si compran jamón loncheado ya sabrán diferenciar las categorías que pueden encontrar.

Ahora ya tienen toda la información, en su mano está la decisión.

P.D: Mi querida Eva, no puedo darte únicamente las gracias por ayudarme tanto con esto, sino por toda una vida de cariño. Por mil años más.

Hoy les vengo a hablar de cine y les dejo una receta al final. Curiosa mezcla ¿verdad? Pues venga, empezamos.

Comienzo con la película. Hoy ponen la adaptación de la película “El bueno, el feo y el malo”. Les haré spoiler de mi versión, les aviso.

El sano, el seguro y el miedo.

El bueno: pues se supone que es el producto que tenemos que elegir ¿no?, es decir, el sano. Pero es que a veces los buenos no lo son tanto. Porque, ¿qué es un alimento sano? Si nos centramos en la definición de “alimento saludable” leemos esto:

“Un alimento saludable es aquel que carece de algún ingrediente, o no lo contiene en grandes cantidades, que pueda generar alguna enfermedad degenerativa cuando su consumo se repite.”

Pues ya me dirán ustedes qué definición. Muchos de los alimentos que consideramos actualmente no saludables podrían entrar en esta definición. Pero no queda ahí la cosa, confundimos “sano” o “saludable” con productos que tienen un montón de letras grandes que destacan en el envase (cuando en realidad es el truco que utilizamos para que no lean la letra pequeña).

Igual de contundente que he sido con las letras grandes en los envases lo seré con estos dos: un producto orgánico o bio no tiene por qué ser saludable. Un alimento para veganos tampoco tiene por qué serlo (de hecho, con frecuencia, para llegar al sabor que esperan hacemos unas mezclas dignas del quimicefa).

No es queso: es grasa con almidón y números E- (pero con todas las letras).

Oigan, no tiene gluten. La tilde que sobra se la dan gratis con el primer envío. Lo que no le dan es queso.

Total, hemos empezado por el ”bueno” pero vemos que algunos de ellos tienen un lado malo. Un truco: los productos más sanos no suelen llevar etiquetas, son muy complicadas de digerir.

El feo: es el alimento seguro, es feo pero majete. El alimento seguro es ese amigo sin el que no nos imaginamos el día a día. Damos por hecho que está ahí, nunca pensamos que pueda faltar. Hasta que lo hace, y entonces es un absoluto drama. Pero como es el feo… pues nunca le hemos hecho caso, ni le hemos valorado lo suficiente.

En el Imperio somos expertos en convertir alimentos sanos en otros que no lo son. Expertos en decirles que algo es bueno cuando no lo es. Pero tengan claro una cosa: ponemos todo nuestro empeño, toda nuestra fuerza en que el feo esté siempre con ustedes. Los esfuerzos en hacerles llegar a su cesta de la compra un producto seguro son titánicos. Créanme, es un tema bastante egoísta. Me gustaría decirles que es exclusivamente porque nos preocupa su salud. Pero no es sólo por eso. Es nuestro trabajo. Por lo que nos pagan. Sí oigan, nos pagan. Y con ello pagamos nuestras hipotecas, colegios y algunos suertudos, también algún capricho. Si creen que expondríamos todo eso por lanzar al mercado un producto que no es seguro conscientemente, están alejados de la realidad de la alimentación y de cualquier tipo de trabajo.

Cometemos fallos; a veces. Analizamos cada punto del proceso, intentamos adelantarnos a lo que va a ocurrir. Y aún así, alguna vez fallamos. Y lo sentimos mucho. Es nuestro oficio y queremos que salga bien.

Cuando ocurre tomamos tres medidas urgentes:

  • Minimizar el riesgo: retirando el producto del mercado lo antes posible. Para ello nuestros sistemas de trazabilidad han mejorado mucho.
  • Analizar qué ha podido ocurrir: en qué parte del proceso hemos podido fallar.
  • Aprender: esto no nos puede ocurrir más. Nos ocurrirán otras cosas, pero las mismas no. Esto no se permite.

Y al día a día me remito. Vivimos en la época de los productos más seguros de la historia. (Que no los más sanos, pero del bueno ya hemos hablado antes. No abusen, que ya he reconocido que algunos somos tramposos).

El malo: El miedo es el malo. Y para el que siembra el miedo… no tengo calificativo. Nos hace dudar, nos hace temblar. Si consiguiera hacernos buscar la verdad que hay detrás de ese miedo, al menos su acto serviría para algo bueno. Pero no, no ocurre eso. Al menos no en todas las ocasiones.

Y para completar velada, les dejo la receta de este último. Apunten:

  • Incorporen a una olla 500 g de una verdad a medias: es recomendable que no sea un tema absolutamente descabellado (aunque cada día me sorprendo más de algunos ingredientes). Puede basarse en una parte de un estudio científico mal traducido e interpretado por alguien que no conoce el idioma ni el tema. También valen estudios mal realizados, la mayoría de la gente no nota diferencia en el sabor. Si se lo inventa del todo puede quedar bien, aunque menos espeso.
  • Tres tazas de difusión: si consigue que esa verdad a medias sea comunicada por alguien que tenga posibilidad de acceder a un canal de comunicación: ya tiene más de la mitad cocinado. No necesariamente tiene que ser alguien respetable, lo que encuentre por ahí. En este paso no buscamos algo muy elaborado.
  • Busque una pizca de colectivos a los que les interese un tema en concreto: puede encontrar con facilidad por ejemplo “familias con niños pequeños” “cualquier persona preocupada por su alimentación”. Es importante que tengan acceso a las tazas de difusión, le da más sabor que tengan interés por informarse. Si añade una pizca de varios colectivos, puede quedarle bastante jugoso. Esta receta le vale para alimentación pero también para pseudoterapias, sólo varía la pizca del colectivo. Con enfermos y sus familiares le saldrá riquísima, van con parte del miedo ya en el cuerpo.
  • Cocine a fuego fuerte al principio. Remueva bien por redes sociales. En cuanto empiece a hervir baje a fuego medio y deje que el resto de medios de comunicación se hagan eco. También puede hacerlo al revés: el resultado será el mismo.
  • Esto es importante: debe ir añadiendo pequeñas cantidades de más “verdades a medias” para que el “guiso de miedo” no se quede sin caldo.

Con esto, tienen asegurado un potaje fantástico. Aguanta bastante tiempo en la nevera. Se congela sin problema para que lo pueda consumir un día que tenga un apuro y no sepa qué cocinar. Además, siempre tendrá comensales a su mesa. Al menos dos: el que adora su guiso y se lo come sin mirar y el que dice que su receta no está bien hecha. Intente por todos los medios que éste salga de su mesa antes de que haga al otro darse cuenta de la realidad. Si no, o prepara otro guiso o se quedará sin comensales.

Con esta cena y peli… creo que me voy a leer.

P.D: mi enhorabuena a la plataforma #SaludSinBulos, estaremos un poquito más cerca de que el guiso del miedo y la información falsa se quede sin comensales.